Según una encuesta realizada por Panda Security

Madrileñas, entre 18 y 34 años, las principales víctimas de bulos en redes sociales

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bulos, fake news

Nadie se libra de las fake news y menos en estos tiempos en los que, por desgracia, han ganado tanto protagonismo. Sin embargo, parece que hay perfiles más proclives a la contaminación informativa y a recibir más a menudo noticias falsas. Así lo han constatado en Panda Security, empresa especializada en soluciones de seguridad informática, a través de una encuesta que han realizado a 1.500 personas, al calor de esa otra pandemia de bulos que ha reinado durante el estado de alarma. “Durante estos meses de reclusión total las fake news se han convertido en parte de nuestro día a día, de ahí que hayamos querido analizar el impacto que han tenido durante el Covid-19″, comentan.

Y algunas conclusiones del estudio son una auténtica sorpresa. Porque no da la sensación de que esto sea cuestión de azar, las informaciones manipuladas prefieren a las féminas – que según el informe “confiesan que nunca o casi nunca saben distinguir lo veraz de lo falso”, en un 75% -, mejor si son de la Comunidad de Madrid – un 24% dice haber recibido bulos, seguidos de cerca por el 23% de Cataluña -, y con una edad comprendida entre los 18 y los 34 años; “casi la mitad de las personas que reconocen recibir fakes están comprendidas en esa horquilla”. Lo que no significa que sean más bombardeadas con este tipo de contenidos, pero sí que al menos son conscientes de ello; es un matiz importante.

En la otra cara de esta moneda, estos datos: los varones encuestados creen estar mejor prevenidos y “cinco de cada diez se considera capaz de detectar manipulaciones informativas”. Si nos atenemos a los años cumplidos, son los mayores de 55 años y los jubilados los que apenas se muestran afectados, solo dos de cada diez.

En cuanto a las zonas geográficas, el podio de comunidades autónomas agraviadas lo completan Castilla y León y Andalucía, que empatan con un 11% de las informaciones falsas que se remiten en toda España. Y también hay que hablar de un fifty-fifty respecto a la frecuencia con que se reciben en todo el territorio nacional, pues hay división: el 42% recibe bulos “de vez en cuando” y el 33% “con bastante frecuencia”. Luego, un 19% lo considera una práctica habitual y tan solo el 6% no se siente atacado por este tipo de desinformaciones.

Nadie está a salvo de las fakes news que, en elevado número de ocasiones, son el acceso para miles de ciberataques

Panda Security enfocó las preguntas centrándose en los canales digitales, whatsapp, redes sociales e Internet, que son los que sufren ahora más riesgo dado su crecimiento. No obstante, otra conclusión extraída del análisis es que “el mundo digital no ha sido el único afectado por las fakes news”, pues se ha constatado a la vez la falta de confianza de los españoles en los “medios tradicionales”. Lo analógico es otra vía de entrada de las noticias falsas. Entre estos, “rumores de viva voz, radio y televisión” principalmente. Para Hervé Lambert, global consumer operations manager de Panda Security “esto es muy sorprendente, pues, preguntando de forma explícita por los bulos digitales, son muchas las personas que contestan que también las reciben en formato más tradicional”, para ser exactos un 12% de los participantes.

La compañía piensa que “esto podría ser la explicación de que la sociedad no se sienta especialmente preparada ante la desinformación digital durante el confinamiento”. Por otro lado, aunque la mayor parte de estos meses hemos utilizado aplicaciones de mensajería instantánea, solo un 18% ve Whatsapp como boca de entrada y un 47% ‘echa la culpa’ a las redes sociales, principalmente.

Esta radiografía no debe dar lugar a errores, porque el estudio refleja que no queda una zona del país libre del radio de acción de los bulos, desde las ciudades más grandes hasta los entornos rurales. “Nadie está a salvo de las fakes news, que en elevado número de ocasiones son el acceso para miles de ciberataques”, sentencia Lambert.

La divulgación de informaciones falsas ha evidenciado que puede convertirse en un auténtico problema sanitario. Y, con la salud, ya sabemos que no se juega. Antes, otros temas ‘médicos’ han sido también objeto de campañas de desinformación, sobre todo en RRSS, unos precedentes que palidecen con la explosión que ha supuesto el coronavirus.