Una agenda alternativa para la gira económica de Pedro Sánchez a Estados Unidos

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Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España - Europa Press.

El presidente Sánchez envía esta semana una comitiva, presidida por él mismo, a Estados Unidos. El objetivo es hacer diplomacia pública de sus national champions, startups en el ámbito de la movilidad y de la ciberseguridad. Se reunirá esta comitiva exclusivamente con empresarios y actores privados, dejando a la Administración Biden a un lado.

A pesar de que ambos países afrontamos una transformación digital ambiciosa y queremos poner en valor nuestra infraestructura y nuestro talento en ciberseguridad, vamos a pisar cabizbajos el territorio amigo. ¿Estamos perdiendo la oportunidad de afianzar una relación con pago a nuestros innovadores y emprendedores tecnológicos?

España viaja a Estados Unidos a pedir inversión privada

A la inversión transfronteriza en nuestras startups y empresas tecnológicas la acompaña siempre una variable que tenemos que gestionar, si es posible, desde el principio: la transferencia tecnológica.

En el mundo actual, la cantidad de tecno-nacionalismo que respira un país determina cuánto permite a sus empresas invertir en i+D+i foráneo y viceversa. En castellano: la confianza que un país tiene en otro va a determinar si nos pone fácil compartir tecnología, i+D+i y talento a beneficio de ambos países. Para transferir tecnología y recursos.

Y, amigos: sin grandes, o quirúrgicos acuerdos bilaterales en transferencia tecnológica, de administración a administración, es improbable que España salga ganando con acuerdos de inversión privados, ya vengan de la mano de Bloomberg o de Black Rock. Atraer fondos de inversión a empresas patrias para bailarnos el agua antes de recibir los fondos europeos es garantía de desplume y huída una vez llegue el capital a territorio nacional.

España necesita ver a la Administración Estadounidense y proponer, proponer, proponer. Porque oportunidades, haylas, como las meigas, para tender un puente entre España y Estados Unidos en la era Sánchez. Y bien tienen que ver con la tecnología y el momento vital que atraviesan ambos países. Compartimos lo suficiente para interesarnos.

Si nuestro objetivo es aumentar la inversión en nuestros national champions, a la par que cimentamos esa visión de España líder y madura, analicemos la situación de ambos países: veremos que España y Estados Unidos están en situaciones diferentes, pero con oportunidades y riesgos aprovechables, tanto para nuestro crecimiento tecnológico como social y soberano.

Ambos afrontan una transformación del Estado y de la Nación a nivel de infraestructura. Los norteamericanos van a invertir tres billones de dólares en renovar por completo el tejido conectivo de América: transporte, energía, movilidad. Su transformación va más allá, porque necesitan dar un doble salto mortal: adaptar su infraestructura a la era inteligente. Sus grandes y pequeños proyectos de infraestructura serán conectados por defecto, y todo el tejido empresarial estadounidense se prepara para saciar el hambre de tecnologías conectoras, IoT y ciberseguridad que va a demandar el país.

Para España, la inyección de 140.000 millones europea y, en concreto, de 50.000 millones a su tejido empresarial, le va a permitir llevar a cabo su apuesta de Estado: que España se transforme en una economía digital. Es más, convertir a España en el hub de talento de ciberseguridad en Europa y más allá. España se ve como el “hub de datos del sur de Europa”, liderando las infraestructuras de datos transfronterizas (cloud, satélites) que empoderarán a la Unión Europea, conectando Atlántico y Mediterráneo, colindando con el mundo árabe. Y España ha de tener muchas ganas de identificar socios estratégicos en Occidente para iterar esa tecnología que nos va a hacer líderes, tanto en conectividad como en ciberseguridad.

Tenemos a uno y a otro lado del Atlántico a dos países que necesitan sacar músculo tecnológico y tirar de ciberseguridad para proteger su apuesta por la economía digital y la infraestructura inteligente. Suficiente para hablar el mismo idioma y proponer acuerdos de colaboración.

Y hay muchas, muchas oportunidades de hacer ver esto a la “tierra de la libertad”:

Estados Unidos continúa con un America first demócrata, y contempla restricciones y barreras a la transferencia tecnológica en todas sus nuevas leyes y órdenes ejecutivas, pero aún están siendo discutidas y son permeables (Infrastructure Bill, Endless Frontier Bill…), además, la sangre nueva de la Administración Biden está deseosa y permeable de nuevas ideas y alianzas: hay ahí un caldo de cultivo abierto a la transferencia tecnológica de una manera que Tim Cook no puede garantizar.

Entre los dolores de Estados Unidos: el país sufre para elevar el nivel de su infraestructura de ciberseguridad, y España va en camino de empoderarse: su inversión en ciberseguridad está dividida y compartimentalizada, y su CISA, su Instituto Nacional de Ciberseguridad, tiene menos competencias que nuestro INCIBE, y no está entre sus haberes crear ecosistema de innovación a su alrededor.

Entre los dolores españoles a poner sobre la mesa: tenemos grandes empresas de ciberseguridad, pero para lograr contratos con la administración estadounidense a través del SBIR (similar a nuestros programas de compra pública innovadora) necesitamos cumplir con criterios de viabilidad en seguridad mayores que sus empresas patrias.

Entre dolor y dolor hay oportunidad de aprender del otro y colaborar. El momento es bueno para proponer alianzas que disuelvan esas barreras a la colaboración tecnológica entre ambos países. Y aquí hay material para buscar darle un enfoque ejecutivo a esta visita casual bilateral.

Y es que, si no hay interlocución con la Administración Biden, de poco servirán grandes acuerdos de inversión y presentar a nuestros national champions. Señores, no pedimos que hagan feng-shui con las relaciones bilaterales. Identifiquemos riesgos y oportunidades para montar agendas imbatibles, porque España puede permitírselo. Y debe.

Plantear colaboraciones tecnológicas con la Administración y el tejido empresarial estadounidenses puede tomar muchas formas:

Hagamos una CECA: ¿por qué no gestar un puente económico y de know-how?

Aprendamos de sus ideas para proteger la infraestructura crítica, para comunicar incidentes de ciberseguridad, y asesoremos para que pongan orden en su ecosistema emprendedor de soluciones de ciberseguridad.

O, por ejemplo, aseguraremos co-inversiones de ambos países en empresas de ciberseguridad patrias; insinuemos la creación de hubs nacionales de coordinación de national champions con las respectivas CISAs e INCIBEs, con sus respectivos límites de supply chain y propiedad intelectual en pro de nuestras respectivas lealtades.

Lo importante no es que se cierren todos los tratos, sino ayudar a que otro país vea el valor que tiene España y le tome en serio. Que nuestro Gobierno pueda volver a Norteamérica sabiendo que la Administración Biden va a hacerle un hueco sin lugar a dudas, que tenemos sentido, oportunidad y propósito como socios más allá de la plataforma europea y lo ponemos en valor para beneficio de este lado del Atlántico.

Amigos, Estados Unidos no nos valorará como el socio estratégico que somos si solo nos pegamos un viaje a Los Ángeles para ponerle buena cara a Tim Cook. Tiene en sus faldas una administración de creadores, de solucionadores, de go-getters abierta a tomar parte en colaboraciones que ensanchen sus alas. Podemos ser socios igualitarios con operaciones quirúrgicas de ingenio patrio. Maduremos.

María Luque es Directora, Políticas Públicas y Tecnología en Mission-Oriented.

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