La CIA vendía encriptación a agencias de espionaje a las que luego espiaba

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La Cia era propietaria de la mayor red de encriptación del mundo

Según publica el portal Genbeta que recoge investigaciones de la televisión alemana ZDF y el Washington Post, la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, la CIA, fue copropietaria junto con la extinta RFA de una importante compañía suiza que fabricaba dispositivos de encriptación y líneas de comunicación para agencias de espionaje de todo el mundo.

En concreto, 120 países. La sede se encontraba ubicada en Suiza donde fue fundada en 1950. Los ingenieros helvéticos que la fundaron habían colaborado con los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. En 1970 la adquirieron Washington y Berlín y no se liquidó hasta 2018.

La empresa llevaba el nombre de Crypto AG. Los responsables de la CIA están orgullosos de haber dado “el golpe de inteligencia más importante del siglo”.

Los citados medios afirman que “estas agencias de espionaje manipularon los dispositivos de la compañía para poder romper fácilmente los códigos que los países usaban para enviar mensajes cifrados”.

Según los citados medios, los equipos de de Crypto AG fueron usados por más de 120 países desde los años 50 del siglo XX hasta la década del 2.000 .

España figuraba entre los clientes de Crypto G, y también El Vaticano

Entre los 62 clientes identificados figuran la ONU , España, Argentina, Chile, Colombia, México, Venezuela, Italia, El Vaticano, Marueccos, Nigeria, Egipto, Iran, Irak, Japón, Qatar, Arabia Saudí, Korea del Sur, Vietnam e India. Pero lo que ninguno de sus clientes sabía era que Crypto AG era propiedad secreta de la CIA en una asociación altamente clasificada con la inteligencia de Alemania Occidental”, ha manifestado el autor de la investigación, Greg Miller en The Washington Post. Siempre, sin embargo, se sospechó que la empresa vendía equipos con puerta trasera para suministrar información tanto a Estados Unidos como a los servicios secretos de la RFA.

Según un informe de que cita Genbeta “Los gobiernos extranjeros pagaban buen dinero a los Estados Unidos y Alemania Occidental por el privilegio de que sus comunicaciones más secretas fueran leídas por al menos dos (y probablemente hasta cinco o seis) países extranjeros”.

Los datos, siempre según lo publicado, sirvieron para atentar contra dictadores sudamericanos, y también para obtener información privilegiada de la Guerra de las Malvinas o la crisis de los rehenes con Irán.