La inteligencia colaborativa a disposición de las empresas

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Por Jesús De Miguel, socio de TWCI y profesor de la U. ANAHUAC de México y la U. de Murcia.

La inteligencia ha sido una disciplina que hasta hace unos años ha estado fundamentalmente vinculada a las organizaciones estatales; sin embargo, en las últimas décadas, el sector privado ha ido tomando conciencia de la importancia de esta materia, incorporando muchas empresas esta actividad a sus procesos de toma de decisiones. Se podría afirmar que la inteligencia es conocimiento para la acción y con ella se trata de garantizar la decisión más acertada.

La anticipación forma parte de la propia esencia de la inteligencia y no hay mejor capacidad preventiva frente a riesgos, peligros y amenazas que un completo y eficiente sistema de inteligencia. La prevención está en relación inversa a la incertidumbre, es decir, cuanto mayor sea esta, se refuerza la necesidad de contar con una mayor superioridad informativa y esta solamente la alcanzarán mediante la Inteligencia.

El escenario al que nos enfrentamos al comenzar la tercera década de este siglo, agravado sin duda por la pandemia de la COVID-19, si por algo se caracteriza es por su gran incertidumbre, la cual sostenía que era motivada fundamentalmente por tres aspectos fundamentales: la falta de liderazgo a nivel mundial, los cambios sustanciales en la agenda económica mundial y la globalización digital.

De acuerdo con lo anterior, en este contexto en el que finaliza esta década es necesario más que nunca que las empresas cuenten con una superioridad en la información que les permita por una parte asegurar sus activos y procesos y, por otra, obtener la necesaria ventaja competitiva y para ello, la inteligencia pasa a ser una disciplina indispensable en toda actividad empresarial.

Como toda materia de amplio espectro, como es el caso que nos ocupa, no cabe la improvisación y la falta de rigor, sino que es una función que debe basarse en la aplicación de unos principios y unos procedimientos sistemáticos. Además, la inteligencia precisa de expertos, no debe dejarse en manos de personas sin la capacitación requerida, y requiere contar con los recursos necesarios. Llegamos así a una de las preguntas clave, aceptando la necesidad de contar con esta disciplina en los procesos empresariales: ¿pueden todas las empresas contar con su propio departamento de inteligencia? Evidentemente la respuesta es negativa en este sentido pues muchas de las corporaciones no disponen de la mayoría de los recursos que se requieren para ello, siendo habitual acudir al outsoucing.

Pero demos un paso más, si asumimos que la mayoría de las empresas no pueden asumir los costos que supone incorporar a su organización una sección o departamento de inteligencia, tampoco la mayoría de las empresas especializadas en esta disciplina pueden incorporar a su organización las personas, los medios y los sistemas que se precisan para ofrecer un producto adaptado a las necesidades. Por ello, el apoyo mutuo entre estas organizaciones es fundamental, y esta cooperación entre empresas y agencias de inteligencia ha sido una constante durante años, tanto en el sector público como en el privado. El exponencial desarrollo tecnológico de las últimas décadas ha permitido que esta colaboración pudiera quedar sistematizada, dando con ello carta de naturaleza a lo que se conoce como Inteligencia Colaborativa.

El concepto de inteligencia colaborativa

De acuerdo con una publicación del Grupo P&A se podría definir el término inteligencia colaborativa como aquella actividad con la que se trata de elegir la mejor opción para alcanzar una determinada meta trabajando en conjunto.

Esta interpretación es una aproximación basada en la etimología de las dos palabras que la componen, inteligencia y colaborar, pero que nos sirve como base para entender a continuación una descripción más completa.

Se trata de una forma de inteligencia emergente que resulta de la interacción de muchos individuos que cooperan entre sí en el contexto de la cultura digital, pudiendo ser definida como:

“La inteligencia colaborativa (IC) supone una deliberación ordenada, facilitada por tecnologías sociales, que permite a un conjunto de personas crear un mejor conocimiento compartido y tomar decisiones, con mayores posibilidades de superar los retos y dificultades que plantean las distintas actividades humanas en un entorno cada vez más complejo y cambiante“. CXCI, Innovation Center for Collaborative Intelligence).

En esta definición se incluyen las que son las principales señas de identidad de la inteligencia colaborativa. La primera de ellas se refiere a la necesidad de compartir el conocimiento: cuanto más compartamos más tendremos. El mercado requiere respuestas rápidas y con experiencia, y para ello se precisa compartir conocimientos. Es necesario saber cómo y a quién preguntar los tipos de preguntas que abren nuestras mentes a nuevas posibilidades. En una palabra, colaborar.

Si nos ceñimos al ámbito de compartir el conocimiento se limitaría al concepto de inteligencia colectiva en la que mediante la concurrencia de las acciones de un grupo de personas se llegaría a un producto final. Sin embargo, la segunda de las señas de identidad de la inteligencia colaborativa es que se mueve en el entorno de las tecnologías sociales, segunda de las señas de identidad de la definición del ICXCI.

Su aplicación al mundo empresarial

En las empresas, hoy más que nunca, en el mundo global y digital de nuestros días, en el que las tecnologías de la información avanzan a pasos agigantados, empieza a ser necesario potenciar la inteligencia colaborativa para conseguir lo que podríamos denominar “compañías inteligentes”, capaces de adaptarse a cualquier cambio y necesidad.

La tercera de las señas de identidad propuestas en la definición se refiere, como todo producto de inteligencia, a su orientación a la toma de decisiones, poniendo el énfasis en que estas se producen, hoy más que nunca, en un entorno crecientemente complejo y cambiante.

Para ser competitivo en la economía global de nuestros tiempos debemos aprender a pensar de manera colaborativa e innovadora. Son muchas las organizaciones que desde hace unos años apuestan por el reclutamiento y la retención de talento corporativo, con lo que partimos de la base de que contamos con empresas repletas de talento y de ideas innovadoras que encuentran un terreno propicio en los entornos que favorecen la colaboración, y que por supuesto cuentan con los recursos tecnológicos y la financiación para poder llevar a cabo proyectos ambiciosos.

The fact that we are different doesn’t mean that one of us is wrong. It just means that there’s a different kind of right” (Faith Jegede).

La obtención de la inteligencia debe orientarse al que es su objetivo central, lo que ha cambiado no es tanto el concepto de la “inteligencia centrada en el objetivo” que nos propone Robert M. Clark (“Intelligence Analysis. A Target Centric Approach”. Clark, Robert M.), sino la naturaleza del propio objetivo que ha pasado de ser un objeto cerrado a conformarse como un sistema complejo. En la figura, se muestra un ejemplo sobre la inteligencia centrada en el objetivo, atendiendo a su diferente naturaleza. En el primer caso (imagen izquierda) nos muestra el caso de lo que podría ser el terrorismo tradicional, mientras que en el segundo (imagen derecha) se correspondería con la complejidad del terrorismo global de nuestros días.

El objetivo de la inteligencia.

Como se observa en la imagen, en el segundo caso el objetivo tiene una mayor complejidad y en él concurren diferentes actores. En consecuencia, se requiere buscar la colaboración entre diferentes elementos para generar así el conocimiento necesario en un mundo interconectado como el actual, por lo que se precisan equipos más perspicaces, más rápidos e innovadores que nunca. La inteligencia colaborativa requiere que abandonemos las formas cómodas y habituales de pensar con los demás y abramos la mente para poder reconfigurar nuestro enfoque.

Two Worlds Collaborative Intelligence (TWCI) ha desarrollado un producto novedoso y adaptado a las necesidades de los clientes, orientado tanto a las grandes como a las medianas empresas, siendo estas últimas las que tienen mayores dificultades para contar con sus propios equipos de inteligencia. Para ello dispone de una red de colaboradores en diferentes áreas de conocimiento y en distintas regiones del mundo que permite la integración de productos de inteligencia eficientes y competitivos.

Existen diversas formas de colaboración en base al grado y tipo de integración de las partes en el producto final. De acuerdo con Wikipedia de una manera muy simple se podrían identificar cuatro maneras de colaboración:

  • Modo fusión, en la que cada individuo aporta al producto final, donde esta contribución queda fusionada. Este es el caso de los artículos de la Wikipedia.
  • Modo molecular, como es el caso de un libro escrito por varios autores, donde cada contribución conserva su identidad relativa dentro de la entidad mayor.
  • Modo colección, cuando las contribuciones aportan a un conjunto mayor que puede resultar abierto.
  • Modo agregador, como es el caso de las contribuciones a los blogs o los artículos en los medios de comunicación.

En el caso de las compañías proveedoras de servicios de inteligencia colaborativa, como es el caso de TWCI, se combinan todos los tipos de colaboraciones: de fusión, generando así un mayor nivel de conocimiento procedente de fuentes especializadas; molecular, recurriendo a la suma de capacidades de diferentes actores, integradas en una entidad única; y los modos de colección y de agregación, mediante la configuración de un sistema de alertas.

Resumiendo, la inteligencia colaborativa es más propia de grupos de trabajo que de grandes masas de personas. Se ve facilitada cuando el objetivo a conseguir o reto a superar se encuentra bien identificado y definido; se realiza una precisa selección de los participantes en el proyecto, en base a sus competencias y habilidades; y se cuenta con las herramientas digitales adecuadas para su desarrollo.

El trabajo de inteligencia precisa de coordinación y colaboración entre personas que tienen diferentes grados de conocimiento, habilidades y experiencia. Ello requiere en ocasiones crear equipos con elementos que manejen distintas disciplinas relacionadas con la inteligencia y en muchos casos organizaciones diferentes.

“Buscamos la integración de agencias y profesionales con diferentes capacidades y hacemos posible una red social de colaboración más amplia y efectiva”.

Conclusión

La inteligencia es una actividad o función básica en los procesos de toma de decisiones que orientan la actividad y en su caso el cambio de toda organización empresarial. Todo cambio está forzado en ocasiones y siempre condicionado por el contexto en el que se mueve la organización. Quiere decir que además de conocer nuestras propias fortalezas y debilidades, se precisa conocer las oportunidades y amenazas que conforman el entorno en el que desarrollamos nuestra actividad empresarial. La inteligencia es pues la herramienta capital que nos va a facilitar la información precisa sobre los procesos internos, así como del contexto externo, permitiendo con ello alcanzar una posición de ventaja en la toma de decisiones.

Las empresas que abren sus operaciones a la escena internacional se enfrentan al desafío de la incertidumbre, más aun en el entorno complejo en el que nos movemos. Por ello se precisa más que nunca contar con la herramienta de la inteligencia. Esta necesidad fue identificada por los creadores de TWCI, quienes han diseñado un producto de inteligencia colaborativa para aportar al sector empresarial, especialmente en sus procesos de internacionalización, las soluciones más eficientes en el ámbito de la seguridad y la toma de decisiones, que redundarán en una mayor competitividad.

Por Jesús De Miguel, socio de TWCI y profesor de la U. ANAHUAC de México y la U. de Murcia.

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