Las tecnologías exponenciales tras el coronavirus

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Francisco González Bree escribe sobre las tecnologías exponenciales tras el coronavirus

La crisis del coronavirus nos está haciendo reflexionar sobre los riesgos del futuro. El informe “Riesgos globales 2020” del Foro Económico Mundial y Marsh & McLennan nos alerta sobre las 10 principales amenazas que pueden afectar la prosperidad global durante
la próxima década.

Las dos amenazas tecnológicas más importantes son: “Ciberataques: disrupción de las operaciones y las infraestructuras” y “Ciberataques: robo de datos y dinero”. En el estudio se explica que las tecnologías exponenciales, como por ejemplo la computación en la nube, los vehículos autónomos, la medicina de precisión o los drones, tienen un enorme potencial para mejorar la vida humana y la salud del planeta.

Sin embargo, otras tecnologías están amplificando el potencial de los ciberataques. El número de ataques en dispositivos del Internet de las Cosas creció un 300% en la primera mitad del 2019.

La Inteligencia Artificial se considera al mismo tiempo como “la invención más impactante” y “nuestra mayor amenaza existencial”. En su vertiente negativa puede provocar riesgos como la manipulación a través de noticias falsas o el desarrollo de armas de inteligencia artificial. Hace 6 años, más de 16.000 científicos, investigadores, académicos y figuras relevantes de la industria de la tecnología firmaron una carta abierta contra el desarrollo de este tipo de arma de Inteligencia Artificial.

Entre los firmantes se encontraban personas muy conocidas en el mundo de la tecnología, tales como como Elon Musk, Stephen Hawking, Steve Wozniak, Bill Gates y Satya Nadella.

De los defensores de una gobernanza tecnológica global concertada a los utopistas tecnológicos que vaticinan una riqueza sin precedentes

Incluso Jack Ma, el fundador y presidente ejecutivo de Alibaba Group, nos alertaba de que en los próximos 30 años el mundo podrá tener mucho más dolor que felicidad debido al auge de la Inteligencia Artificial.

Varias corrientes de pensamiento nos alertan de que las tecnologías exponenciales pueden acentuar la desigualdad y las diferencias entre trabajos de alta y baja cualificación. Estas amenazas están levantando voces a favor de una gobernanza tecnológica global concertada.

Pero no todas las visiones sobre el crecimiento de las tecnologías exponenciales son negativas. Los utopistas tecnológicos piensan que las máquinas inteligentes tomarán aún más trabajo y el resultado será una riqueza sin precedentes. La producción económica podría duplicarse cada tres meses. La autora Diane Ackerman explica en su libro, “The Human Age”, como los humanos están trabajando para salvar el planeta.

Los humanos somos la fuerza dominante que moldea el futuro de la tierra. Según Diane, hemos sometido el 75% se la superficie terrestre e incluso hemos alterado el clima amenazando nuestra propia existencia. Sin embargo, nuestras capacidades pueden ser también positivas. Recolectamos el ADN de las especies desaparecidas en un
“arca congelada” e inventamos un sinfín de prodigios industriales y médicos.
En un interesante artículo del 2016 de Will Knight, para MIT Technology Review, el autor se hacía eco de un notable estudio de la Universidad de Stanford (EEUU) en el que se pretende ir evaluando la evolución y el impacto de la Inteligencia Artificial en la humanidad a lo largo de 100 años.

El estudio ha contado con la colaboración de más de 20 expertos en disciplinas como la Inteligencia Artificial, la informática o la robótica por mencionar algunas de ellas. El informe explora en detalle el impacto de la Inteligencia Artificial en el transporte, hogar, salud, educación, comunidades con menos recursos, seguridad, privacidad, empleo y entretenimiento. La conclusión principal del estudio de la Universidad de Stanford es que la
Inteligencia Artificial no supondrá (por lo menos hasta el año 2030) una amenaza inminente para la humanidad y por ello no existen motivos para preocuparse a corto plazo. Sin embargo, debemos tomarnos muy en serio nuestro progreso a medio y largo plazo impulsando los derechos humanos, la cultura de paz y los valores democráticos para construir sociedades más justas y equitativas.