Cómo puede afectar otro confinamiento a la salud mental de nuestros hijos

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Enseña a tus hijos cómo enfrentar una situación de confinamiento, anticípales que puede ocurrir, que no se asusten.

En ciencia, cuando se analizan datos, se encuentran en muchas ocasiones paradojas a las que nos corresponde interpretar y dar sentido. Esto suele ocurrir porque solo accedemos a verdades parciales y desconocemos gran parte de los fenómenos que estudiamos.

En esta pandemia, este fenómeno se ha vuelto a repetir. Y en el asunto que nos ocupa con mayor razón, porque los niños pueden ser a la vez los más capaces para adaptarse a las situaciones difíciles y, en el caso de que no lo consigan, los más vulnerables. Y esto es porque tienen una gran capacidad de adaptación, son flexibles y prácticos, pero a la vez son más propensos a padecer ansiedad y disminución del ánimo, a verse afectados en su proceso de aprendizaje y a sufrir las secuelas del aislamiento social.

Los datos de los estudios y las evidencias nos han demostrado que los niños se adaptan con mayor facilidad que los adultos a los cambios y desarrollan estrategias de enfrentamiento… pero esto sucede hasta un límite, claro está.

Si volvemos a una situación de confinamiento prolongado sin acudir a clase, empezarán a presentarse alteraciones de comportamiento en nuestros pequeños, con mayor frecuencia e intensidad de las que han aparecido hasta la fecha.

Hasta el momento hemos observado alteraciones del sueño, pesadillas, irritabilidad, aparición de fobias (en los niños y adolescentes más sensibles) relacionadas con la posibilidad de contagio o con otros temas (oscuridad, accidentes…), ideas obsesivas, disminución del ánimo y apatía. La incidencia varía mucho en función de las estrategias y habilidades de los propios niños y sus familias, de sus condiciones sociales y del seguimiento escolar.

Lo que dicen los estudios sobre el confinamiento

Tras meses de confinamiento y el cierre de colegios se han analizado en varios estudios las secuelas en los niños y adolescentes en varios países del mundo. Por ejemplo, Save the Children ha entrevistado a más de 6.000 niños en Alemania, Finlandia, España, EE.UU. y Reino Unido para conocer cómo afectó esta emergencia a su estado emocional y psicológico. La investigación revela que prácticamente uno de cada cuatro niños sufre ansiedad por el aislamiento social y que muchos de ellos corren el riesgo de sufrir trastornos psicológicos permanentes, incluida la depresión. Los más sensibles son los niños y niñas de 2 a 6 años y los adolescentes.

“Uno de cada cuatro niños sufre ansiedad por el aislamiento social y muchos de ellos corren el riesgo de sufrir trastornos psicológicos permanentes”

Según la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente, un 30% de los niños y adolescentes podrían presentan síntomas de estrés postraumático en nuestro país. Y en cuatro de cada diez hogares los niveles de estrés y problemas de convivencia han aumentado, en buena medida por las malas condiciones de habitabilidad y el tamaño reducido de las viviendas. Las secuelas son mayores en entornos urbanos que en zonas rurales donde las viviendas son más grandes y la naturaleza más próxima.

Por su parte, los países del norte de Europa, Canadá y Estados Unidos tienen estudiado qué efectos provoca en sus escolares la no asistencia a clase por culpa del clima (por ejemplo, ante grandes nevadas, olas de frio o huracanes) y en todos los estudios se comprueba un descenso claro en su rendimiento escolar cuando se reanudan las clases.

Y es que nuestro cerebro ha evolucionado para aprender y para adaptarse. Para conseguirlo necesita algunos requisitos, uno de ellos es moverse y poder interaccionar con su entorno. Poder desplazarse, hablar con iguales, analizar situaciones, observar la naturaleza e interaccionar con ella. De esta interacción con el entorno surge la posibilidad de aprender, repetir acciones, observar resultados, ver a otros realizar conductas, ser reforzado o castigado, practicar por ensayo-error y progresar.

“La intolerancia a la incertidumbre y la sobreexposición a las redes sociales son poderosos agravantes de los efectos negativos del aislamiento por coronavirus”

Para poder anticipar cómo puede afectar una nueva situación de confinamiento a nuestros pequeños hay que considerar que hay una relación inversa entre los recursos, las habilidades de enfrentamiento y el apoyo social y afectivo y la incidencia y secuelas por el periodo de confinamiento. Es decir, no depende sólo del carácter o de la personalidad de nuestros hijos cómo les afectará esta situación, sino de otros muchos factores que pasaremos a analizar. A más recursos sociales, económicos, culturales, materiales, personales, psicológicos, educativos, escolares, menor incidencia de dificultades y secuelas.

¿Y por qué no un modelo semipresencial?

La mejor opción ante el inicio de las clases, si es imposible hacerlo con normalidad, sería reanudarlas de forma semipresencial; unos días se podría acudir a clase y mantener un contacto cercano con profesores y compañeros y otros días desde su domicilio, en formato online. Se podría dividir la clase en dos grupos y el día que no toque ir a clase se recibiría la misma clase presencial impartida a sus compañeros, pero desde casa. Esa misma clase se puede retransmitir en directo para los que estén en su domicilio, de forma que no haría falta contratar más docentes ni elaborar nuevos programas.

Sí sería necesario organizarse mejor y reducir contenidos accesorios, de los que por cierto, están llenos los libros de los niños. El programa de contenidos avanzaría, solo que unos días nos toca ir a clase y otros no.

Dos ideas claves que son necesarias resaltar ante un nuevo confinamiento serían las siguientes:

  1. La educación entendida como mera transmisión de conocimientos es un error. Entendida como aprendizaje e interacción que facilita el desarrollo cognitivo y emocional, es todo un acierto y se puede adaptar a una situación excepcional.
  2. A menos recursos sociales, personales y económicos, mayor incidencia de problemas y mayor susceptibilidad al efecto de los estresores.

La falta de juegos al aire libre, las limitaciones en su patrón de actividad física, el estrés prolongado, el aburrimiento y el distanciamiento social, pueden provocarles problemas de salud mental tanto a corto como a medio plazo.

La intolerancia a la incertidumbre y la sobreexposición a las redes sociales son poderosos agravantes de los efectos negativos del aislamiento por coronavirus.

Cómo mejorar los recursos de enfrentamiento de tus hijos

La incertidumbre, la soledad y la sensación de indefensión nos crea estrés. Por ello hay que garantizar en los niños información, predicción de cambio y contacto social.

¿Cómo puedes hacerlo?

Enseña a tus hijos cómo enfrentar una situación de confinamiento, anticípales que puede ocurrir de nuevo, que no se asusten, que ahora los profes están mejor preparados y que posiblemente haya colegio algunos días sí y otros no.

Apórtales información comprensible a sus edades, sobre la necesidad de estas medidas hasta que se encuentre la vacuna y cuando esto ocurra posiblemente ellos serán uno de los primeros colectivos en recibirla.

“Los padres que hayan sabido explicar lo que está ocurriendo y hayan programado actividades adecuadas para que sus hijos continúen su desarrollo conseguirán que estos tengan menos secuelas que los que no hayan podido dedicarles ni tiempo ni recursos”

Fomenta algunas estrategias de autocontrol y desenfado ante momentos de frustración, en especial por el exceso de trabajo personal o por no poder seguir las actividades extraescolares acostumbradas. Ayúdales a programar la semana y a complementar la ausencia de algunas actividades con encuentros con sus amistades cercanas y conocidas en entornos alternativos y seguros.

Ayúdales con sus habilidades sociales y de comunicación, en especial con aquellos que les resulta difícil participar en los entornos online. Haz un seguimiento de sus tareas y de los periodos y fechas de entrega.

Échales una mano con las tareas escolares y diles que pueden contar contigo y con sus profesores. Entrénales en cómo hacer preguntas a sus profesores con las nuevas herramientas informáticas y no des por sentado que saben organizarse y planificar.

Habla junto a ellos de lo anecdótico de la situación y lo circunstancial… serán unos meses… y desarrollad juntos la adecuada autonomía, protección y autocuidado en sus días en la escuela.

Prioriza que ahora lo importante es seguir aprendiendo cosas al ritmo que podamos y no quedarnos parados. Aprovecha para crear un horario y seguir rutinas en los días que no tengamos que acudir a clase.

Y recuerda: los padres que hayan sabido explicar lo que está ocurriendo y hayan programado actividades adecuadas para que sus hijos continúen su desarrollo conseguirán que estos tengan menos secuelas que los que no hayan podido dedicarles ni tiempo ni recursos.

Jesús Paños Martín es psicólogo clínico y neuropsicólogo. Responsable Unidad de Psicología Clínica Infancia y Adolescencia del Servicio de Pediatría del Hospital San Rafael Madrid, y responsable de la Unidad de Psicología de la Salud Blue Healthcare Mind.

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El psicólogo infantil Jesús Paños nos explica los problemas que un nuevo confinamiento pueden provocar en la salud mental de los niños y adolescentes.
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