Robles y Marlaska, frente a frente en la crisis de los mandos militares vacunados

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Continúan las consecuencias al plan de vacunación de cargos militares, que llegan hasta el Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), el general Miguel Ángel Villarroya, quien en la tarde de ayer sábado solicitó su cese a la ministra de Defensa, Margarita Robles y esta, según confirmó Europa Press, la ha aceptado.

Esta dimisión llegó en un tenso día en el que previamente Fernando Grande Marlaska también cesó por el mismo motivo al oficial de la Guardia Civil que hacía de enlace en el Estado Mayor de la Defensa (EMAD), el teniente coronel Gustavo Giménez Gómez, y que también afecta a generales de la cadena de mandos de las Fuerzas Armadas como son el jefe del Estado Mayor Conjunto, Fernando García González-Valerio, y el máximo responsable del Mano de Operaciones, Francisco Braco, de los que aún no se sabe si también presentarán su dimisión.

El general Villarroya defiende, a pesar de su decisión, que siguió los protocolos establecidos y en ningún momento se aprovechó de “privilegios no justificables”, tal y como afirma en la misiva trasladada a Robles, en la que también sostiene que su actuación como jefe de la cúpula militar, igual que durante sus 45 años de carrera en las Fuerzas Armadas, “ha procurado ser honesta y dominada por el espíritu de servicio y de amor a España”.

Honesta o no, el caso es que en una semana en la que cargos públicos de ciudades tan dispares como Murcia, Córdoba o Tarragona, tanto de izquierdas o de derechas, se han saltado la fila de vacunación con la excusas más inverosímiles, resulta poco menos que imposible aguantar la presión y distanciarse del grupo de “enchufados” que presuntamente han abusado de su posición de privilegio, con independencia de que este sea el caso de estos mandos o de que hayan actuado siguiendo las indicaciones de quienes les comunicaron que era su turno. La investigación de los hechos que supuestamente está en marcha ya llega tarde para al menos dos de ellos.

Esta complicada situación de ceses y dimisiones, vista la escena desde otro ángulo, llega días después de que de nuevo los ministros de Interior y de Defensa mostraran abiertamente su enfrentamiento tras el temporal Filomena, al considerar el primero que la titular de Defensa debía haberle avisado antes de enviar la Unidad Militar de Emergencias (UME) a petición del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida.

Con estos precedentes resulta complicado saber si más allá de lo ayer sucedido, Fernando Grande Marlaska y Margarita Robles afrontan esta difícil situación con el rigor que requiere un caso tan complejo o si se están dejando llevar por el pulso que mantienen. Y es que la destitución del Guardia Civil por parte del primero, con independencia de lo que concluya la investigación, ha obligado a la segunda a sacrificar una “pieza” importantísima de su equipo (y veremos si no más) y, lo que es peor, ha sembrado anticipadamente la duda sobre el Ejército, hasta ahora la institución mejor valorada durante esta crisis del coronavirus.

Sin saberlo, podríamos estar asistiendo a un duelo en las alturas del que, como en las legendarias partidas de ajedrez, solo saldrá vencedor uno. A priori a Marlaska le faltarían apoyos y cuenta de cierto desprestigio no solo a nivel de opinión pública sino también de policía y guardia civil; todo lo contrario que Robles, quien además del soporte de militares y guardia civil encabeza las encuestas de valoración de ministros, para recelo del titular de Interior. Su visión antagónica de los medios de comunicación, duramente criticados por Marlaska y públicamente defendidos por Robles, también forma parte de un enfrentamiento que en su momento acabará reconociendo al mejor estratega. Solo puede ganar uno.