Preocupa el aumento de la presencia rusa en la frontera

“¡Que viene el lobo!”, el aviso de Ucrania por una posible gran guerra que ignoramos los medios

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Demasiadas veces se ha avisado de la llegada del lobo en el Donbás, escenario desde 2014 de una guerra entre el ejército ucraniano y los separatistas apoyados por Rusia. Tantas que, en esta ocasión, cuando la zona vive la mayor escalada de tensión en los siete años que han pasado desde su declaración de independencia, solo unos pocos parecen escuchar las voces que alertan del peligro que acecha a un polvorín que, de explotar, puede llevarse por delante el actual orden internacional.

Los separatistas de esta región, Rusia, Ucrania, Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea están asistiendo, cuando no contribuyendo, a subir la temperatura de un conflicto que, en esta ocasión, más allá de tweets y comentarios en redes sociales, los medios de comunicación -salvo excepciones- estamos tardando en abordar con la relevancia y profundidad que merece.

Qué está sucediendo en Donbás

Desde abril de 2014, Ucrania tiene en marcha una operación contra las milicias separatistas en Donbás, donde se proclamaron las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk en respuesta al violento cambio de gobierno ocurrido en febrero del mismo año.

Los Acuerdos de Minsk, suscritos en septiembre de 2014 y en febrero de 2015, sentaron las bases para una solución política al conflicto, pero no han derivado hasta ahora en el cese de la violencia. Las hostilidades han dejado hasta la fecha unos 13.000 muertos, según estimaciones de la ONU.

Desde el 27 de julio de 2020 está en vigor en la zona un alto el fuego que, aunque ha reducido significativamente la violencia, no ha evitado que sigan habiendo incidentes esporádicos que siguen cobrándose vidas humanas.

De hecho, los altercados, el fuego cruzado y de artillería, registrados en las últimas semanas son inusualmente elevados, hasta el punto de que hace poco más de una semana el Ejército de Ucrania denunció la muerte de cuatro soldados, además de dos heridos, en un bombardeo con morteros, lanzagranadas y ametralladoras “de gran calibre” en Donbás.

En paralelo al incremento de estas hostilidades, la Inteligencia militar ucraniana ha denunciado el aumento de la presencia del ejército ruso en el norte y este de las zonas fronterizas con Ucrania. En concreto, el comandante del ejército de este país, el general Ruslan Khomchak, habla del despliegue de veintiocho grupos tácticos de batallón cerca de la frontera oriental de Ucrania y en Crimea por parte de Moscú, lo que sumaría entre 20.000 y 25.000 soldados, cifras que los oficiales rusos ni confirman ni desmienten y que dejan a la interpretación de lo que muestran en las decenas de imágenes y videos sin verificar que circulan por las redes sociales en los que se ve el traslado por tren y carretera de un ingente número de tanques, artillería y vehículos armados.  

Las razones reales del aumento de la presencia militar rusa en la frontera son una incógnita que tiene en estado de alerta a toda la zona. El Mando Europeo de los Estados Unidos (EUCOM) ha elevado el nivel de riesgo de “posible crisis” a “crisis potencial inminente”, el grado más alto. Hay quienes consideran que este traslado de tropas responde al deseo de Rusia de introducir unidades regulares en estos territorios del este de Ucrania con el fin de “proteger a los ciudadanos rusos”, ya que decenas de miles de ucranianos en el Donbás han recibido pasaporte de este país. Además, desde los enfrentamientos de 2014, según distintas informaciones, los paramilitares rusos que se trasladaron a combatir junto a los independentistas podrían suponer hasta el 80% de los combatientes totales, y en este tiempo Rusia ha enviado hasta una decena de convoyes humanitarios a la zona que han cruzado la frontera hacia territorio ucraniano sin permiso del gobierno del país en los que supuestamente podría haber introducido artillería y personal en territorio ucraniano.

Se desconoce, de producirse este avance, cuáles serían las intenciones reales de Moscú, ya que desde Kiev, “no se descarta tampoco un intento de las fuerzas de ocupación de Rusia de adentrarse de lleno en territorio de Ucrania”.

Rusia, por su parte, ante estos supuestos, niega que esté apoyando a los separatistas del Donbás, y señala que este es un problema ucraniano con el que ellos no tienen nada que ver, mientras que justifican el aumento de presencia militar en la frontera, así como en Crimea, diciendo que dentro de su territorio pueden mover las tropas “a su conveniencia”, y que eso “no debe inquietar a nadie y no representa una amenaza para nadie”, como ha manifestado Dmitri Peskov, portavoz presidencial.

Ante la gravedad de esta situación, Kiev se está recurriendo a la diplomacia internacional, ante la que está denunciando las cerca de 600 violaciones de alto el fuego desde principios de año y acusando a Rusia de intentar “torpedear” el proceso de paz.

El pasado viernes, un día después de que este asunto se debatiera en la reunión del Consejo del Atlántico Norte, el gobierno ucraniano propuso al representante de la OTAN en su país, Alexander Vinnikov, la organización de ejercicios conjuntos entre el Ejército ucraniano y las tropas aliadas con los que disuadir cualquier intención de ataque. Una propuesta que disgustó al Kremlin, que ha avisado a la Organización del Tratado del Atlántico Norte y a sus aliados de que se mantengan al margen de un conflicto que solo compete a Ucrania.

Sin embargo, la Casa Blanca ha informado en un comunicado de la llamada telefónica entre Joe Biden y el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky. En esta conversación el presidente norteamericano le confirmó el “apoyo inquebrantable de Estados Unidos a la soberanía e integridad territorial de Ucrania frente a la agresión en curso de Rusia en Donbas y Crimea”. Y el portavoz presidencial ruso tampoco ha hecho esperar su respuesta, afirmando que “eso exigiría medidas adicionales por parte rusa para garantizar su seguridad”.

La tensión, como muestra la sucesión de hechos en los últimos días, no hace más que crecer.

¿Qué hará Rusia? ¿Atacará?

Esta es la pregunta del millón, y como el analista militar Pavel Felgenhauer ha señalado, la respuesta probablemente requiera de la presencia de un psicoanalista. Nadie sabe qué puede suceder, si bien, este experto en conflictos, como publica el Daily Mail, calcula que la guerra podría darse antes de un mes. “La crisis tiene el potencial de escalar a una guerra paneuropea, sino mundial”, ha dicho en una entrevista en la que también afirmó que considera que “la decisión pueda ya estar tomada”. Otros expertos militares declararon a Escudo Digital que el conflicto podría producirse incluso antes, a mediados de abril.

Las razones que Putin tendría para atacar Ucrania carecen de toda lógica, aunque no hay nada más ilógico, y aun así real, que los anhelos de determinados líderes convencidos de que son los elegidos y cuyos delirios de grandeza han provocado en muchas ocasiones grandes guerras que nos han asolado a lo largo de la historia (la última vez, no hace tanto).

Dicho esto, puestos a especular, en los casos más extremos podríamos estar hablando de un ataque en toda regla por parte de Rusia para invadir Ucrania (una auténtica locura que desbordaría todos los equilibrios y acuerdos internacionales) o de un ataque parcial en torno a los territorios del Este con el fin de instalarse allí bajo pretexto de proteger a la población rusa que en ellos viven, y establecerse mientras consideran que eso sucede. Es decir, anexionárselos sin usar este verbo y adelantar la línea de contacto entre Rusia y Ucrania.

Otra hipótesis apunta a la necesidad de tensar la cuerda, sin romperla, en el plano internacional con el fin de conseguir varios objetivos. Por un lado, para reforzar la imagen de un Vladimir Putin fuerte, de gran líder capaz de seguir llevando a su país hacia el gran sueño imperial, y, por otro, para poner a prueba al nuevo gobierno de Estados Unidos, ese que se mueve entre los tropezones de su presidente en las escaleras del avión presidencial y las descalificaciones con las que, mirando a cámara, llama innecesariamente “asesino” a su homólogo ruso. “El Kremlin está probando a la nueva Administración”, afirma en este sentido Frederick B. Hodges, un teniente general retirado y ex comandante del Ejército de Estados Unidos en Europa, quien también considera que Rusia tiene “cero interés” en alcanzar una paz real con Ucrania y que quiere mantener al país lo más desestabilizado posible.

La importancia de desestabilizar

Y es que quizá la palabra desestabilización sea parte de la clave. Desestabilizar supone debilitar, y una Ucrania nerviosa que cometa errores también puede resultar del interés del Kremlin. Y es que según coinciden muchos expertos, el escenario más probable es que todos estos movimientos de tropas no sean más que el intento de llevar a Kiev a precipitarse con una acción militar que sirva de pretexto a Moscú para actuar libremente. Máxime cuando desde principios de marzo este país ha emprendido una campaña de desinformación alegando que Kiev lanzará una ofensiva contra los representantes de Rusia en el este de Ucrania. Se dan los ingredientes para que, de nuevo, un accidente ser la justificación de una guerra.

La guerra accidental es un engaño y una mala interpretación común de la historia”, ha manifestado Michael Kofman, director del Centro de Rusia de CNA Corp. y miembro del Instituto Kennan del Centro Woodrow Wilson. “Los países no van a la guerra porque ocurren accidentes, utilizan los incidentes militares como casus belli para participar en las guerras que quieren librar”.

El pastor mentiroso” es el título real de la fábula atribuida a Esopo en la que su protagonista, Pedro, para pasárselo bien, avisa a sus vecinos de la llegada del lobo, quienes corren a ayudarle a proteger su ganado. Lo hace en tantas ocasiones que, cuando este realmente aparece, nadie le cree y el lobo se come plácidamente a tres de sus ovejas ante la pasividad de sus vecinos.

A diferencia de este texto, en el que su protagonista actúa de forma caprichosa, Ucrania ha venido llamando la atención de la comunidad internacional en diversas ocasiones desde que en 2014 los territorios del este, llamados en su conjunto Donbás, declararon su independencia en un referéndum ampliamente considerado ilegal. Ahora, además de decirnos que ve asomar las orejas del lobo en esta región, nos avisa de que por el horizonte también se aprecia el hocico y los colmillos. Escuchémoslos. Solo por si acaso.

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Tantas veces se ha avisado de su llegada al este de Ucrania que ahora que se registra la mayor escalada de tensión en años, nadie atiende la alerta.
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