La OMS ha salido a matizar y poner las cosas en su sitio.

Billetes y monedas, un contagio más relativo que efectivo

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El cash vuelve a estar en el ojo del huracán durante la pandemia del Covid-19. Y de casi estar confinado ha pasado a salir fortalecido. Los rumores sobre una supuesta desaparición del efectivo vienen de largo. Esta vez, ha sido la llegada de este coronavirus lo que ha vuelto a poner en bandeja la sombra de la duda, supuestamente por motivos sanitarios; ello, en una cronología laberíntica de dimes y diretes.

Primero, de la mano de distintos estudios llegó, hace ya más de un mes, la recomendación de que para luchar contra virus era más conveniente pagar con tarjeta que en efectivo. Una medida que, con carácter preventivo, enseguida adoptaron muchos establecimientos y administraciones en aras de reducir las distancias entre personas y evitar que monedas y billetes rodaran de mano en mano.

El cartel de “Zona libre de efectivo” ya habitual en otros países – sobre todo del norte de Europa – no ha llegado a España así de literal, pero sí ha habido amagos. Mercadona ha sido una de las cadenas de distribución que ha puesto por escrito en sus establecimientos el consejo de pagar mejor con tarjeta; asimismo, Aldi y Lidl también han optado por priorizar el ‘dinero de plástico’. En algunos medios de transporte se pasó directamente a la prohibición: autobuses y taxis de varias comunidades autónomas llevan ya semanas sin admitir dinero contante y sonante. Y un buen puñado de entidades financieras han invitado, igualmente, a realizar pagos con medios alternativos.

Todas estas sugerencias y restricciones han avivado el debate. Unas prácticas, que sumadas a las dudas sobre si ir al cajero estaba permitido en el estado de alarma, han fomentado la aparición de voces discordantes en defensa de los colectivos que solo utilizan monedas y billetes, en especial los de tercera edad.

Ante este panorama la Organización Mundial de la salud (OMS) ha optado por acallar tanto ‘boca a boca’ confuso y tanta necesidad de aclaración. Han reconocido infundado no usar cash por temor a un alto riesgo de contagio del covid-19, “no es imposible, pero en la misma medida que si se tiene contacto con otros muchos materiales. Se han tergiversado nuestras palabras”, indicó su portavoz Fadela Chaid, desmintiendo a la vez que hayan recomendado reducir su uso por considerarlo foco de transmisión del virus. A lo que sí instan, encarecidamente, es a lavarse las manos después de manejar dinero para evitar problemas.

Por su parte, y en la misma línea, al consultar al Banco Central Europeo, BCE, este nos remite a fuentes del Eurosistema, donde aseguran que aparte de garantizar el suministro de billetes, realizan investigaciones periódicas sobre el posible impacto que la fabricación y la circulación de los billetes de euro puede tener en la salud pública, incluso en materia de virus, y por tanto ahora acerca del coronavirus. Consideran que, como sucede con la gripe normal de tipo estacional, las partículas respiratorias de cualquier persona infectada pueden depositarse en el dinero como en cualquier otro tipo de superficie (como pomos de puertas, pasamanos o terminales de pago), pudiendo sobrevivir un periodo de tiempo limitado.

Según estas mismas fuentes, comparando unas con otras, la probabilidad de infectarse a través de efectivo es muy baja, puesto que, como añadido, en la zona euro cada persona realiza una media de 1,2 pagos al día con cash.

Otros bancos de la eurozona han querido poner también los puntos sobre las íes; con especial contundencia el Banco de Francia que ha destacado la importancia de garantizar un buen acceso y aceptación del efectivo para que los ciudadanos tengan la capacidad de elegir la vía de pago, especialmente en las compras de menor importe (no en vano, los porcentajes de uso de cash se disparan en pagos inferiores a 45 euros, según datos del BCE; que especifica que, en la UE, se generalizan en una compra media entre los 10 y 12 euros).

El Instituto Robert Koch de Alemania lo corrobora y despeja temores al afirmar que “la transmisión del virus a través de los billetes no es significativa”.

Como novedad, estudios publicados estos últimos días, diferencian ya el riesgo ente monedas y dinero en papel, saliendo mejor paradas las primeras. Datos que se desprenden de una investigación del Centro Médico Universitario de Hamburgo-Eppendorf (Alemania) demuestran que las superficies con cobre tienen actividad antiviral contra el Covid-19, en contraste con las de naturaleza polimérica -billetes- donde el virus puede sobrevivir más días.

Las organizaciones de consumidores también se han pronunciado sobre el tema. En España, la OCU muestra las dos caras de la moneda -nunca mejor dicho-, en una de ellas, invitando a reducir el manejo de dinero en efectivo en la medida de lo posible y a la vez, reseñando la brecha inevitable que esta medida supone para los más vulnerables: “no estamos a favor de imponer limitaciones absolutas al pago en efectivo. Puede suponer exclusión para las personas más desfavorecidasy ancianos, muchos de los cuales no usan tarjetas de pago y dependen de este para acceder a bienes y servicios”, han explicado en un comunicado.

Retirada de efectivo sin comisiones

Como consecuencia,y una vez que el Gobierno dejó claro que se puede ir al cajero mientras dure el confinamiento, para evitar la sobreexposición y evitar los desplazamientos largos de los clientes hasta sus entidades financieras, una docena de bancos han anunciado que se puede sacar dinero gratis a débito en cualquier cajero automático desde el pasado 30 de marzo (a saber, Abanca, Bankia, Caixa Otinyent, Caixabank,Caixa Pollença, Cajamar, Cajasur, Ibercaja, Kutxabank, Liberbank y Unicaja).

Todo, menos poner el dinero en cuarentena, pues según reza en documento del Banco de Españaen 2019 fueron retirados 125.188 millones de euros en los 50.500 cajeros existentes a finales de dicho año. Por contra, en lo que va de año, y especialmente en estas últimas semanas, estos han dispensado un 68% menos de dinero, detallan en banco móvil N26.

Mastercard hizo, a la par, una encuesta sobre medios de pago en la que un 19% de los entrevistados aseguraba usar solo monedas y billetes en sus transacciones.  

Entre las de cal y las de arena, los expertos financieros están divididos. Los que intuyen que es mejor esperar sentados a ese supuesto luto por el fin del efectivo y los que no lo ven tan lejos; menos ahora con la parálisis del consumo. Desde luego inminente no parece que vaya a ser, cuando se calcula que en este instante se bate récord mundial de monedas y billetes en circulación: 1,08 trillones de euros.

Si buscamos paralelismos, parece que la sociedad sin efectivo resulta tan esquiva como la oficina sin papel. Una cosa es reducir, y otra muy distinta, anular. Los últimos datos del BCE hablan por sí solos: “durante el pasado mes de marzo el valor de los billetes en circulación se ha incrementado en un 8%, el avance más fuerte desde octubre de 2008”. Opiniones divergentes según mercados y fuentes en que nos fijemos, pues el Banco Internacional de Pagos, BiS (siglas en inglés), asegura que “en esta crisis, se está dando la espalda al efectivo, puesto que no es financiera y por tanto, no hay desconfianza en las entidades”.

En lo que todos los entendidos coinciden, al margen del plazo que cada uno prevea, es que, en cualquier caso, antes de que llegara su fin, hay muchos escollos que salvar y resolver para que la medida no se convierta en problema.