Prosigue el pulso entre el dinero de plástico y en metálico

Ni vajillas ni bolsa de viaje, la banca vuelve a la promoción del efectivo para atraer clientes

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dinero en efectivo

Un puñado de discrepancias y contradicciones cada día. La apuesta por el dinero en efectivo o bien la opción de pagar con tarjeta, es otra ‘guerra civil’ de las que parecen ser tendencia en estos tiempos. No cabe término medio, solo detractores o muy fans de uno u otro medio de abonar las compras. El Covid-19, también ha supuesto un punto de inflexión en este tema, y de ahí que se haya recrudecido el debate.

No es sólo que se siga deshojando la margarita sobre si desaparecerán o no billetes y monedas, como se viene vaticinando, sino que cada jornada se deshoja un ramo entero; informes que dicen blanco y a la vez los que lo ven negro, comunicados diciendo A y también B, y prácticas que igual que montan un argumento a favor, lo desmontan ipso facto con uno contrario. Cierto que vivimos tiempos de incertidumbre, pero, en lo que respecta al futuro del dinero en efectivo, esta sube bastantes escalones. Y cuando la impresión que da es que la partida está tan en tablas, es porque le queda vida por delante.

Oro parece…., sin embargo un 70% de los particulares se muestra dispuesto a olvidarse del dinero contante y sonante, según el informe del banco N26 “De la libreta al móvil: evolución del ecosistema bancario”. Igualmente, consideran que la pandemia ha animado al 44% de los clientes a plantearse el cambio a una entidad digital. A la vez, los comercios y las empresas – sobre todo las pymes – están mostrando recelo a la idea de plantear el fin del efectivo.

El Informe Europeo de Pagos de Intrum, empresa de gestión de crédito y cobro, tras encuestar a 1200 compañías europeas, plasma por escrito “preocupación en los negocios ante el aumento durante estos meses de los pagos online o con tarjeta”. El 21% dice que su temor proviene de creer que “una sociedad sin efectivo dispararía sus costes operativos”. La siguiente preocupación, para cuatro de cada diez participantes, es dar por hecho que su exposición a los ciberataques crecería.

En España oscila mucho esta inquietud hacia las ciberamenazas de unas comunidades autónomas a otras. El País Vasco encabeza el ranking de los preocupados, con un 72% de empresas que reconocen este miedo (muy por encima de la media europea situada en un 52%).

Cuatro de cada diez europeos asocian el fin del dinero contante y sonante con el incremento de los ciberataques

Como siempre, todo depende del prisma con que se mire. Por un lado los que compran, por otro los que venden, y en medio, los banca, para despistar más. Si la mayoría, que no todos, parecían convencidos del repliegue progresivo del dinero líquido, ahora en el postCovid apuestan por recurrir al efectivo para captar clientes. El objetivo es claro: cliente vinculado y digital, cliente rentable y si hace falta reglara dinero para fidelizarle, se hace.

Las promociones por domiciliar la nómima también usan el mismo reclamo. Openbank abría la veda conforme empezaba el confinamiento: 40 euros a quien abriera una cuenta sin comisiones, con motivo del Día del Padre. A la vez National Nederlanden daba la bienvenida a su producto Ahorro Online por 50 euros de premio.

Abanca se hizo con el podium al regalar 150 euros a quien se adhiriese a su Cuenta Clara, aunque solo durante el mes de marzo. El relevo, hasta el 30 de junio, se lo ha dado Liberbank que paga lo mismo a quien elija su cuenta online y le lleve la nómina. Y suma y sigue. Según avanza el calendario, van surgiendo más ofertas de este tipo.

Entonces, ¿cabe pensar en el fin de los días del dinero en metálico cuando los mismos bancos lo utilizan como reclamo? Cuesta creerlo. Incluso para otro debate tan de moda como el de la privacidad, control y rastreo de datos, el efectivo es aún más goloso, pues siempre habrá a quien le convenga que exista; un argumento quizás más que discutible, pero hay otras cuestiones que sí son pesos pesados, como la brecha digital que todavía existe y que dejaría fuera de circuito a parte de la población que aún va sin tarjeta en su cartera.

Y como colofón, también de fuerza mayor, el dictado de los sostenible. En este caso el dilema es más grande, ¿qué contamina más, plástico o papel/metal?, ninguno de los dos, en lo ecológico, salen muy bien parados.