FacePhi Biometría y el espaldarazo del Covid-19

Reconocimiento facial, el recurso alternativo en controles e identificaciones

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reconocimiento facial

Por la cara. Nariz, boca y ojos son los principales puntos de referencia que se utilizan para identificar un rostro, mediante mediciones tanto del ancho y forma de los rasgos como la distancia que hay entre ellos; tales datos se convierten luego en un código numérico (faceprint)con un software de reconocimiento facial, que se usará para buscar/encontrar coincidencias.

Ampliado, todo lo medible de nuestro físico y que nos hace únicos – iris, voz, palma de la mano, forma de andar – sirve de ‘llave’ para acceder al móvil, al cajero, al pago en establecimientos, realizar controles de entrada a edificios y un sinfín de aplicaciones prácticas que requieren autenticación. Hablamos de biometría, la ciencia que se encarga de dichas mediciones, y de tecnología, en concreto de algoritmos y de inteligencia artificial, un cruce que permite verificar la identidad de los usuarios. Justo a lo que se dedica la empresa FacePhi desde hace ya diez años.

Nada que ver su situación actual con los principios, “que no fueron nada fáciles” reconoce Javier Mira, CEO y cofundador de FacePhi. Bueno sí, el vértigo dice que ha sido común en ambas etapas, “tanto cuando no consigues que cuaje el negocio y solo tienes pérdidas, que fue aproximadamente entre 2012 y 2016 como ahora con el crecimiento de la demanda que estamos experimentando desde ese año de despegue, y especialmente, desde el año pasado. Aunque, por supuesto, prefiero tener esa sensación en esta situación. Esto es cuestión de gestionar bien, pero el comienzo fue muy duro y sin duda, se pasa peor” comenta.

En el último ejercicio el crecimiento fue del 82,88%, con una cifra de negocio neta de 8,2 millones de euros. Un listón ya alto que nadie duda que se rebasará con creces en 2020 por el impulso que el Covid-19 ha dado a la digitalización y sobre todo a las tecnologías contactless. Sin embargo, Mira no lo quiere asegurar: “eso es lo que oímos y leemos; veremos.. Es lo lógico y lo que parece por lo que hemos ido viendo durante la pandemia, pero siempre hay que ser cauto. Todavía tenemos mucho que demostrar para convencer. No todo el mundo quiere ‘arriesgar’ con soluciones novedosas”.

El tema de la privacidad debe solucionarse con una buena regulación; esa es la clave

Y menos aún cuando estas van envueltas en debate como ha pasado en las últimas semanas. ¿Reconocimiento facial o étnico? Es la pregunta que ha flotado en el aire tras el asesinato de George Floyd y la prohibición de Amazon a la policía de usar su tecnología Rekognition.

Otra duda de distinta naturaleza: ¿las mascarillas impuestas para evitar la propagación del coronavirus complican este tipo de soluciones? Y en tercer lugar ¿estas aplicaciones que hacen la vida mucho más cómoda implican sacrificar la privacidad? Estos interrogantes son los que flotan en el ambiente, “algo lógico cuando hay tanta confusión al respecto. El problema es que se mezclan muchas cosas y ello al final genera temor”, asegura el CEO de FacePhi. Para ayudar a aclararlo hace varias precisiones:

– Una cosa es utilizar la biometría facial para labores de vigilancia e identificar a ciudadanos y otra ofrecer, como en nuestro caso, un servicio para cambiar la experiencia de usuario y no tener que usar contraseñas.

– La diferencia principal radica en pedir o no consentimiento a la persona para poder proceder a su reconocimiento.

– Un barrido (en el caso de la polémica étnica) nada tiene que ver con una autenticación.

– El tema de la privacidad debe solucionarse con una buena regulación; esa es la clave. En la UE, con la nueva Ley de Protección de Datos, está bastante bien encauzado y controlado; exceptuando el caso especial del Reino Unido.

No obstante, Javier Mira considera que “en lo regulatorio todavía hay mucho por pulir, aunque se va a avanzando deprisa. Por ejemplo, en Latinoamérica están cambiando mucho las cosas”. Precisamente, el 90% de su negocio proviene de allí y de Asia, sus mercados principales. En ambos, el sector de banca es su principal cliente y en el que están especializados. “Nuestra propuesta concreta consiste en que mediante foto del documento de identidad y un selfie podamos asegurar identidad de una persona y que la entidad financiera – sea física o fintech- permita entonces las operaciones”.

“Que se pueda abrir una cuenta de esta manera, en remoto, con móvil en mano, sí despierta mucha curiosidad y se está prestando a ello mucha atención, pero de ahí a que luego las empresas se animen a implementarlo, va un salto”, asegura. En España, CaixaBank lleva un año prestando servicio de la mano de FacePhi con la tecnología biométrica en sus cajeros; una innovación que ha sido premiada por The Banker Tech Project Awards, ya que han sido los primeros en el mundo en permitir reintegros mediante reconocimiento facial, sin necesidad de introducir el PIN. “Esta forma de identificación es muchísimo más segura y es lo que se debe entender, en especial los reguladores. Los canales ofrecen máximas garantías y aquí no es la foto de uno la que viaja libremente, como se cree por puro desconocimiento”, explica Mira.

En adelante, quieren seguir con el foco puesto en la Banca, aunque ya trabajan también con administraciones, hospitales – al calor de la crisis sanitaria -, etc. Sus posibilidades son adaptables a toda actividad. Además, FacePhi tiene más aportes biométricos, “que facilitan la relación y comunicación con el cliente”, como el reconocimiento pericular (contorno de ojos) y de voz. De momento, “siendo una empresa pequeña, el año pasado permitimos la realización de 850 millones de transacciones con nuestro sistema de autenticación”. Pequeñitos, pero matones.

Lo que da una idea del volumen de negocio que tiene este mercado: el 94% de los smartphones cuenta ya con sensores de huellas dactilares, por ejemplo. Y en gama alta no existe un terminal que no incorpore lo biométrico. Hasta 2024 el reconocimiento facial crecerá un 12,5%, estimaba a principios de año Mordor Intelligence; un porcentaje que ahora, tras la pandemia y las normas sanitarias derivadas, se queda muy pequeño.