Las investigaciones han durado 13 años, y los científicos han estudiado minuciosamente la luz que fluye de docenas de púlsares esparcidos por la Vía Láctea

Encuentran una posible señal única de ondas gravitacionales que recorren el universo y deforman el tejido del espacio y el tiempo

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Ondas gravitacionales

Los científicos han encontrado una señal única de ondas gravitacionales, según un informe de The Astrophysical Journal Letters que refleja los hallazgos de un proyecto llamado the North American Nanohertz Observatory for Gravitational Waves (NANOGrav).

Esta posible señal única recorrería el universo y deformaría el tejido del espacio y tiempo, según los estudios de los científicos que han colaborado en el estudio y han actuado, en cierto modo, como “medidores de galaxias”. Ha sido definida como “el zumbido resonante del universo” por algunas publicaciones científicas.

Las investigaciones han durado 13 años, y los científicos han estudiado minuciosamente la luz que fluye de docenas de púlsares esparcidos por la Vía Láctea para tratar de detectar un “fondo de ondas gravitacionales”.

Es lo que los científicos denominan el flujo constante de radiación gravitacional que, según los teóricos, baña la Tierra de manera constante. El equipo aún no ha conseguido identificar este objetivo, según Science News, pero cada vez están más cerca de lograrlo, afirma Joseph Simon, astrofísico de la Universidad de Colorado Boulder que ha participado en la investigación.

“Hemos encontrado una fuerte señal en nuestro conjunto de dato. Pero todavía no podemos decir que este sea el fondo de ondas gravitacionales”.

En el año 2017, los científicos de un experimento llamado Observatorio de ondas gravitacionales con interferómetro láser (LIGO) ganaron el Premio Nobel de Física por la primera detección directa de ondas gravitacionales. Eran Rainer Weiss, Barry Barish y Kip Thorne. Aquel hallazgo confirmó definitivamente la teoría de la relatividad general de Einstein, considerado como el Descubrimiento del año por la publicación Science. Kip Thorne ganó el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica y asesoró incluso al escritor y guionista de la película  Contacto sobre hipotéticos viajes en el espacio. En el guion original, la protagonista de la historia viajaba en un agujero negro al planeta que orbitaba alrededor de la estrella Vega, a unos 25 millones de años luz de la Tierra.

Las ondas gravitacionales que Simon y sus colegas buscan, se parecen más al zumbido constante de una conversación en un cóctel lleno de gente, que al choque violento de dos agujeros negros

Este tipo de películas sobre los agujeros de gusano y los viajes interestelares despiertan desde hace décadas un enorme interés. Según los hallazgos de estos científicos que consiguieron el premio Nobel de Física, las ondas que detectaron por primera vez se crearon cuando dos agujeros negros chocaron entre sí a unos 130 millones de años luz de la Tierra, generando un choque cósmico que se extendió a nuestro propio sistema solar. Fue algo similar al choque de dos platos lanzados a distancia, una explosión violenta y de corta duración.

Las ondas gravitacionales que Simon y sus colegas buscan, por el contrario, se parecen más al zumbido constante de una conversación en un cóctel lleno de gente. Detectar ese ruido de fondo sería un gran logro científico, abriendo una nueva ventana al funcionamiento del universo. La detección de estas ondas daría nuevas herramientas a los científicos para dilucidat cómo los agujeros negros supermasivos se fusionan con el tiempo en el centro de algunas galaxias.

Estos tentadores primeros indicios de un fondo de ondas gravitacionales sugieren que los agujeros negros supermasivos probablemente se fusionan y que estamos flotando en un mar de ondas gravitacionales que surgen de fusiones de agujeros negros supermasivos en galaxias de todo el universo”, afirma Julie Comerford, profesora asociada de Ciencia Astrofísica y planetaria en CU Boulder y miembro del equipo NANOGrav.

Simon dijo que, al menos de acuerdo con la teoría, la fusión de galaxias y otros eventos cosmológicos producen un movimiento constante de ondas gravitacionales. Son enormes: una sola ola puede tardar años o incluso más en pasar por la Tierra. Por esa razón, ningún otro experimento existente puede detectarlos directamente. “Otros observatorios buscan ondas gravitacionales del orden de segundos. Estamos buscando olas del orden de años o décadas”.

El equipo de NANOGrav utiliza telescopios en el suelo no para buscar ondas gravitacionales sino para observar púlsares. Estas estrellas que chocan son los faros de la galaxia. Giran a velocidades extremadamente rápidas, enviando corrientes de radiación que se precipitan hacia la tierra en un patrón de parpadeo que permanece prácticamente sin cambios durante gigantescos espacios de tiempo.

Simon explicó que las ondas gravitacionales modifican el patrón constante de luz en los púlsares, estirando o comprimiendo las distancias relativas que estos rayos recorren a través del espacio. Los científicos podrían detectar el fondo de la onda gravitacional simplemente monitoreando los púlsares en busca de cambios correlacionados en el momento en que llegan a la Tierra. “Estos púlsares giran tan rápido como la licuadora de una cocina” afirma Simon, “Y estamos comprobando desviaciones en su tiempo de solo unos pocos cientos de nanosegundos”. Hasta la fecha, el grupo ha observado 45 púlsares durante al menos tres años y, en algunos casos, durante más de una década. El trabajo ha dado sus frutos. En su último estudio, Simon y sus colegas informan que han detectado una señal distinta en sus datos: algún proceso común parece estar afectando la luz proveniente de muchos de los púlsares.

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Un equipo de científicos que ha que estudiado los púlsares ha encontrado una posible señal única de ondas gravitacionales.
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