Existen herramientas para verificar informaciones

Bulos: Las historias falsas nos motivan y atraen más que las reales

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El panorama es incierto. Impera la inquietud provocada por la crisis sanitaria del Covid-19. Confinamiento y, por tanto, más tiempo del habitual para leer, escuchar, ver e informarnos (incluso más de la cuenta). Y tan peligroso es pasarse como quedarse corto. Más que nunca urge gestionar bien tanto desorden informativo y aprender, cuanto antes, a separar el grano de la paja para ser menos vulnerables.

Aquello de “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad” hoy está a la orden del día. No es algo nuevo, sino consustancial al hombre y a la comunicación, pero nunca rumores, noticias falsas o bulos, camparon tan a sus anchas. Sobre todo, porque las ‘mil repeticiones’ son pan comido con las redes sociales. Viralizar contenidos es cuestión de un click.

La semana ha acabado calentita. Esta vez por una información procedente de Baleares. Esta ha sido la secuencia: videomensaje en facebook con la grabación de la entrada de policías en una vivienda de Mallorca, donde hay varios jóvenes y, a pie de imágenes, un texto que dice: “la policía asalta el piso donde salía el himno de España en la manifestación…”; a continuación, arden las redes porque “se ha impedido cacerolada”.

Unas horas más tarde, Maldita.es – medio de comunicación que verifica noticias – aclara que “los agentes entraron en un domicilio de Palma de Mallorca (Baleares), en la madrugada del 8 al 9 de mayo, hacia las 2 de la mañana, y como respuesta a una llamada de una vecina denunciando una fiesta que incumplía el estado de alarma”. Anteayer, el Sindicato Unificado de Policía, SUP, se personaba como acusación particular por la grabación difundida sobre su actuación. “La Policía Nacional no es moneda de cambio de intereses políticos…”. Un ejemplo de los muchos que ahora circulan con fines partidista. Y cuando no son unos intereses son los contrarios, porque provienen de todas las direcciones. 

Desde el mes de marzo, en el Instituto Nacional de Ciberseguridad, INCIBE dicen haber atendido más de un millar de llamadas relacionadas precisamente con los bulos. ¿Y qué debemos considerar como tales? La RAE considera bulo toda “noticia falsa propalada con algún fin”. Para WordReference, “noticia falsa divulgada sobre todo con fines negativos” y en Wikipedia lo definen como “una falsedad articulada de manera deliberada para que sea percibida como verdad”.  Sin embargo, en pleno estado de alarma, atemorizados por el coronavirus, la necesidad de certidumbres es manifiesta; más todavía cuando la ciencia no tiene respuestas para todo. No puede haber mejor caldo de cultivo.

“Esta pandemia es el mejor terreno para que florezcan las noticias falsas. Nacen, crecen y se multiplican, como nunca”, asegura Rafael San Román, psicólogo de ‘ifeel’, aplicación que ofrece terapia online. Junto a su equipo, ha elaborado el documento “Psicología del bulo” para mostrar que estas prácticas llegan más o menos lejos dependiendo de la predisposición de cada cual, “según su ideología, su estado emocional, la capacidad de sugestión, el nivel cultural, etc.”.

La premeditación y la predisposición, claves en el éxito de un bulo

¿Después de pasar las etapas que mencionas, los bulos mueren? “Depende. Muchos sí y otros no. O no del todo, se quedan en la sombra años, siglos…Incluso, pueden ser cíclicos y reaparecer de vez en cuando. Cuanto más burdo el contenido, antes suele llegar su fin, aunque eso es lo de menos porque, desaparezcan o no, el daño ya está hecho”.

El perjuicio que causen responderá a una triple clasificación, según el Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil. “Los objetivos perseguidos suelen ser el propósito de generar alarma social, la búsqueda de ganancia económica y la reafirmación de unos ideales”, explican.

Por su parte, en un informe reciente del Consejo de Europa distinguen tres conceptos previos de informaciones: la errónea (Mis-information), que aun siendo falsa no ha sido creada con intencionalidad de causar daños; la desinformación (Dis-information), creada deliberadamente para herir a una persona, grupo social, organización o país; y la nociva, que, siendo cierta, se usa con la idea de hacer mal.

Cuestión de matices y de hilar fino. Tanto como, a veces, lo hacen al crear los contenidos, “aunque hay de todo, desde auténticos profesionales que, efectivamente, hilan finísimo y son muy sutiles, hasta absolutos delirios sin filtro ninguno. En cualquier caso, lo interesante es su cobertura. Cuanto más recubiertos de verdades vayan, mejor funcionan, claro”, opina San Román.

El psicólogo hace un resumen de las SEÑAS DE IDENTIDAD que para ‘ifeel’ hacen inconfundible un bulo:

Componente antisocial.

“El bulo no sería tal sin un propósito. Quien inicia la cadena afina sobre cómo es su público objetivo y audiencia, para diseñar el mensaje y planificar su difusión, dando en la diana. Siempre hay intención destructiva y desestabilizadora”.

Verosimilitud.

“El elemento de la certeza es fundamental, pues determinará su recorrido hasta poder llegar a ser desmentido”.

Predispuestos a creerlo.

“Si lo que se comunica tiene que ver con nuestros intereses y de alguna manera nos beneficia, estaremos más abiertos a darlo por bueno. Por contra, si no nos favorece, activaremos los mecanismos de negación, aunque solo sea temporalmente, para tratar de amortiguar el impacto”.

Ideología como medio de contagio.

“Condicionará completamente nuestra exposición al bulo. Lo que nos refuerza y reafirma en nuestras convicciones lo asumimos. Se trata del componente emocional y motivacional, que va paralelo a lo cognitivo. A veces, la información casi va antes ‘al estómago’ que a la mente”.

Credibilidad o no.

“Exigencia, inteligencia, intuición, prudencia. Todo ello hará que unas personas sean más proclives a creer a pies juntillas mientras que a otras se les resistirá. Lo recomendable sería actuar como el buen periodista, contrastar siempre antes de dar nada por válido”.

Idoneidad/oportunidad.

“No todos los momentos son igual de adecuados para lanzar un bulo y multiplicar sus efectos. Las situaciones de emergencia o excepcionalidad, como la actual, nos hacen más permeables

y susceptibles”.

Reenvío irreflexivo.

“No siempre se ayuda a difundir un mensaje estando convencidos. Los ‘likes’ son muy rápidos y a menudo fruto de una lectura en diagonal. Compartimos sin pensar”.

Sobreinformación.

“Informarse mucho o más de lo que necesitamos no es malo, ni debe suponer un problema; otra cosa es intoxicarnos por precisamente no filtrar los contenidos y engullir un torrente de análisis falaces o claramente sesgados. Los estímulos informativos ni se crean ni se destruyen, solo se transforman. Es vital ejercer un control saludable sobre ellos, procesarlos y expulsar lo sobrante (es decir, el puro excremento)”.

– Medidas preventivas.

Para poder anticiparnos a sus efectos, “hay que tener sentido crítico y ser analíticos, tener diferentes fuentes de información (a ser posibles buenas y fiables), procurar un buen nivel cultural (que aunque no nos inmuniza sí nos da muchísima ventaja), y ser prudentes, esquivando el reenvío o retuit automático.

Hecho el recorrido, desde el punto de vista de la psicología, por ese ‘perfil’ del bulo, una conclusión positiva: su control está en nuestra mano, en mayor o menor medida.

Así lo considera también Ignacio Jiménez Soler,autor de “La Nueva Desinformación. Veinte ensayos breves contra la manipulación”, libro que ha visto la luz justo antes de que llegara esta pandemia y pusiera más aún el dedo en la llaga.

“Una enfermedad crónica que se puede mantener a raya solamente con unas dosis muy grandes de esfuerzo personal”

Para el doctor en Ciencias de la Información, “estar alerta y ser menos vulnerables a este tipo de noticias falsas pasa por combinar bien tres elementos esenciales: conocimiento del contexto, educación y esfuerzo”. En su obra, no circunscribe la desinformación al bulo en sí mismo, por entender que abarca toda la parte de la cadena de valor de la comunicación. “Hablamos de una enfermedad crónica que se puede mantener a raya solamente con unas dosis muy grandes de esfuerzo personal y mucho interés por evitar que el criterio sea sometido por la tiranía de la opinión urgente. La tecnología, será, bien utilizada, un paliativo importante. Pero sobre la desinformación he de decir que es un fenómeno transversal que afecta a toda la cadena tradicional de comunicación: emisores, canales, mensajes y receptores, que a su vez se convierten en distribuidores y amplificadores de bulo. Todos los elementos inciden en el proceso de desinformación y en todos ellos existe una corresponsabilidad”, explica el especialista en Comunicación.

Rafael San Román coincide en esta idea. “El tuit, el mensaje, no tiene riesgo ni trascendencia aisladamente, forma parte del acto comunicativo en conjunto, como un todo; lo que tan bien nos explicaban en la clase de Lengua, ya en el colegio”.

Búsqueda inversa de imágenes

Como nadie está a salvo de los bulos por completo, aparte de los consejos dados, conviene subrayar que estos pueden combatirse con tecnología, tal y como propone Jiménez Soler. En la web de la Red Internacional de Periodistas, IJNET, se pueden consultar algunos recursos tanto para redes sociales como mensajería (aunque en este último caso la encriptación que se utiliza complica más su detección). De ahí que WhatsApp donara un millón de dólares a la red de verificadores de información del Instituto Poynter.

De momento, la búsqueda inversa de imágenes es el método considerado más fiable por los expertos. Se puede hacer con TinEye de Google (también en Google Imágenes y Google Lens), Bing de Microsoft y la extensión de InVID para Chrome y Firefox, entre otras opciones.

Lo importante es intentar frenar las falsedades, por nuestro bienestar. Precisamente, dada la importancia de la salud mental durante la crisis del Covid-19, la app de psicólogos ‘ifeel’ ha abierto su plataforma de forma gratuita durante cuatro días para terapias de todo tipo. Por suerte, aún nadie ha recurrido a ellos por problemas derivados de los bulos, asegura San Román.

Pero no bajemos la guardia. Al SAR- Cov-2 le ha salido competencia, porque como si de otro virus se tratara, las informaciones falsas están por todas partes, extendiéndose también su contagio e infección. Es otra crisis en paralelo. Y tampoco hay vacuna, aunque sí armas y recomendaciones como las aquí recogidas.