Un caza chino para la guerra espacial

El 'Emperador Blanco" podría competir con los aviones de combate más avanzados y también destruir satélites.

Oscar Ruiz -Escudo Digital.

Experto en migraciones y analista internacional.

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Maqueta del nuevo avión furtivo de sexta generación de China, el "Emperador Blanco", en el Salón Aeronáutico de Zhuhai.
Maqueta del nuevo avión furtivo de sexta generación de China, el "Emperador Blanco", en el Salón Aeronáutico de Zhuhai.

Ante el desarrollo de cazas furtivos de 6º generación por parte de Estados Unidos, Europa y Reino Unido/Japón y también la rápida militarización del espacio que se está produciendo actualmente, Beijing plantea solucionar los dos desafíos de una tacada. El "Emperador Blanco" podría ser el primer caza militar aire-espacio del mundo, compitiendo con los cazas de combate más avanzados en nuestros cielos, pero también destruir los satélites o sistemas enemigos en el espacio.  

Operaciones aire-espacio: a nadie se le había ocurrido…

El Proyecto Nantianmen es una iniciativa aeroespacial china encargada de desarrollar el “Emperador Blanco”, que podría definirse como un caza de sexta generación. Este futuro avión podría operar tanto en el aire como en el espacio más cercano. Entre sus misiones, interceptar satélites en órbita baja o proteger activos espaciales chinos. Aunque este proyecto aún está en etapa de desarrollo, confirma el interés de China (al igual que otras naciones) en combinar tecnología aérea con capacidades espaciales.

Una de las innovaciones clave del “Emperador Blanco” es el uso de inteligencia artificial (IA). En este avión, la IA se comportaría como un copiloto virtual que analiza datos, detecta amenazas y propone soluciones en tiempo real. Esto lo convierte en un sistema de combate brutalmente inteligente y eficiente. Además, puede trabajar en forma colaborativa con equipo con drones, dirigiendo tal que nave nodriza a los UAV,s de combate y reconocimiento.

El caza chino está diseñado para ser difícil de detectar, tanto por radares como por sensores térmicos, convirtiéndose así en una nave furtiva, asunto esencial en combates modernos, donde pasar inadvertida puede marcar la diferencia como arma estratégica.

El “Emperador Blanco” sería más versátil y adaptable que su competencia extranjera (si se cumple lo prometido) y a diferencia de otros aviones furtivos que requieren pistas de aterrizaje muy especializadas, el proyecto chino está preparado para despegar y aterrizar en pistas irregulares, haciendo que sea un avión más práctico y adaptable a diferentes escenarios.

El camino hacia el espacio

Aunque la realización de este proyecto es, militarmente hablando, sumamente interesante, la realidad se impone y operar en el espacio cercano no es fácil. Este objetivo plantea retos importantes, como desarrollar motores que funcionen en ambos ambientes (atmósfera y espacio) y sistemas que protejan al piloto en condiciones extremas. China ya tuvo dificultades con los motores avanzados en proyectos anteriores, como el J-20, por lo que aún queda un largo camino para materializar esta visión futurista.

Las grandes potencias ven el futuro del espacio exterior de una sola manera: militarizado. Ahora, la batalla no solo se libra en tierra, mar o aire, sino también en el espacio. La capacidad de integración aire-espacio del “Emperador Blanco” se presenta como idónea para los esfuerzos de China de dominar el espacio cercano a la Tierra. Controlar (y proteger) satélites, sistemas GPS y otras herramientas espaciales podrían ser cruciales en los conflictos del futuro.

Pero no todo va a ser espacio exterior, y más cerca de la tierra este avión también posicionaría a China para competir directamente con proyectos similares en EE. UU. (programa NGAD) y Europa (el sistema FCAS).

Este tipo de aeronave podría cambiar los futuros escenarios de batalla, donde el control de sistemas espaciales será crucial para las comunicaciones, navegación y vigilancia. Si el proyecto tiene éxito, podría redefinir cómo se desarrollan los aviones militares en las próximas décadas.

Caza chino J-20. Foto: Ministerio de Defensa chino.
Caza chino J-20. Foto: Ministerio de Defensa chino.

¿Cuál sería la competencia del ‘Emperador Blanco’?

A nivel mundial, diferentes países trabajan en el desarrollo de aviones de combate de sexta generación, con características innovadoras y objetivos estratégicos similares.

Estados Unidos: Next Generation Air Dominance (NGAD)

Estados Unidos lidera el desarrollo de su caza de sexta generación a través del programa NGAD. Este proyecto busca crear un avión que combine tecnologías avanzadas como el sigilo extremo, inteligencia artificial (IA) y la capacidad de operar en red junto con drones y otros sistemas no tripulados.
El objetivo del NGAD es reemplazar a los actuales F-22 Raptor y F-35 Lightning II, y posicionarse como el avión de combate más avanzado del mundo en las próximas décadas.

Europa: Future Combat Air System (FCAS)

El programa FCAS es una colaboración conjunta entre Francia, Alemania y España para diseñar un sistema de combate integral, que incluye un avión tripulado de sexta generación, drones acompañantes que operan como “leales escoltas” y una “nube de combate”, una red digital para compartir información en tiempo real durante las misiones.

Se espera que el FCAS esté operativo para 2040, marcando un paso importante en la modernización de las fuerzas aéreas europeas.

Reino Unido, Italia y Japón: Global Combat Air Programme (GCAP)

Anteriormente conocido como Tempest, este proyecto multinacional busca desarrollar un caza de sexta generación que combine tecnología de sigilo de última generación, armamento dirigido por energía (como armas láser) y operación en red con sistemas no tripulados, similar a una "nave nodriza" que coordina drones en combate. El GCAP tiene previsto entrar en servicio durante la década de 2030, con el objetivo de fortalecer la cooperación tecnológica y militar entre Europa y Asia.

El Proyecto Nantianmen se distingue de estos otros proyectos internacionales por su enfoque en la integración aire-espacio, sugiriendo capacidades operativas en el espacio cercano, como la posible interceptación de satélites.

Aunque cada uno de estos proyectos tiene enfoques únicos y metas específicas, todos comparten un objetivo común: crear aviones de combate que lideren el futuro de la guerra aérea. La combinación de sigilo, inteligencia artificial y operación en red son el estándar para estos (carísimos) megaproyectos.

Pero existe un inconveniente para estos aviones, la tecnología avanza de manera muy rápida y la brutal inversión en estos futuros cazas se ve ensombrecida por la posibilidad de que el rapidísimo desarrollo de los drones aéreos llegue a solapar algunas de las funciones requeridas en los cazas de 6º generación, por lo que algunos países se están replanteando la gigantesca inversión que supondrían.