El ‘botón rojo’ de General Dynamics en España

La dependencia de patentes y software desarrollados por la matriz estadounidense genera inquietud sobre la autonomía tecnológica y operativa en el ámbito de la defensa.

Antonio M. Figueras

Periodista y escritor.

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Fábrica de Santa Bárbara Sistemas en Trubia. Foto: Ministerio de Defensa.
Fábrica de Santa Bárbara Sistemas en Trubia. Foto: Ministerio de Defensa.

La creciente digitalización y sofisticación de los sistemas de defensa han puesto de manifiesto la vulnerabilidad que supone la dependencia de tecnologías extranjeras. Un ejemplo destacado es la controversia en torno a la posibilidad de que Estados Unidos pueda desactivar o limitar remotamente el funcionamiento de los cazas F-35 suministrados a países aliados.

Aunque el Pentágono ha negado la existencia de un “kill switch” en estos aviones, persisten las preocupaciones sobre la capacidad de EE.UU. para restringir el acceso a actualizaciones de software, repuestos y soporte técnico esencial, lo que podría afectar la operatividad de las aeronaves en situaciones críticas. ​

Esta problemática no se limita al ámbito de la aviación. En España, la relación entre General Dynamics y su filial Santa Bárbara Sistemas, liderada por Antonio Bueno como CEO, refleja desafíos similares en el sector terrestre. Santa Bárbara Sistemas, integrada en General Dynamics European Land Systems desde 2001, es un actor clave en la fabricación de vehículos blindados y sistemas de artillería para las Fuerzas Armadas españolas. Sin embargo, su dependencia de patentes y software desarrollados por la matriz estadounidense genera inquietudes sobre la autonomía tecnológica y operativa de España en el ámbito de la defensa. ​

Importancia de una estrategia nacional

La reciente disputa entre Indra y General Dynamics por el control de Santa Bárbara Sistemas ha puesto de relieve estas tensiones. Ángel Escribano, presidente ejecutivo de Indra, ha criticado la gestión de General Dynamics, acusándola de “destruir casi todo el tejido industrial” de Santa Bárbara. Por su parte, General Dynamics ha defendido su inversión y compromiso con la industria de defensa española, advirtiendo que una adquisición por parte de Indra podría poner en peligro su sede europea en Madrid. ​

Esta situación subraya la importancia de una estrategia nacional que promueva la independencia tecnológica en defensa. La colaboración internacional es valiosa y aporta beneficios significativos, pero debe equilibrarse con el desarrollo y control de tecnologías propias para garantizar la soberanía y eficacia operativa de las Fuerzas Armadas. La experiencia con los F-35 y los desafíos en Santa Bárbara Sistemas evidencian la necesidad de evaluar cuidadosamente las implicaciones de depender de tecnologías extranjeras en sistemas críticos de defensa.