La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA) del Pentágono, la sede de Defensa de los Estados Unidos, ha lanzado el proyecto RESTORE, centrado en alterar la actividad cerebral de los soldados para mejorar drásticamente la eficiencia del sueño. El objetivo es que los militares mantengan sus habilidades cognitivas intactas en situaciones de mucha presión y requerimientos, a pesar de dormir solo tres horas.
Esta iniciativa busca solucionar un problema histórico que afecta a los ejércitos en entornos de combate: la privación de sueño, un factor crítico en accidentes mortales y errores fatales. Esta realidad la relevancia –y, para algunos expertos militares, la urgencia– de maximizar el rendimiento cognitivo con periodos de descanso reducidos.
El plan RESTORE o cómo descansar en menos de 3 horas
RESTORE son las siglas de "Reengineering Enabling Sleep Transitions in Operationally Restrictive Environments", lo que significa "reingeniería para facilitar las transiciones del sueño en entornos con restricciones operativas". Este proyecto se sustenta en tecnologías de neuromodulación no invasiva, como la estimulación eléctrica transcraneal (EET) y la estimulación magnética transcraneal (EMT).
Según explica la propia DARPA, "las responsabilidades de los militares los obligan con frecuencia a dormir menos de tres horas durante el combate y menos de seis horas durante el servicio normal", lo que pone de relieve la importancia y necesidad de maximizar el rendimiento cognitivo con periodos de descanso reducidos.
En ese sentido, un informe de la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno Estadounidense (GAO), publicado en 2024, puso de manifiesto que el 93% de los militares estadounidenses duermen siete horas o menos por noche, lo que ha derivado en "accidentes mortales y cientos de millones de dólares en daños a buques, vehículos y aeronaves". La cuestión es que GAO destaca que la privación de sueño provoca reflejos y respuestas más lentas, además de un deterioro en la función cognitiva, lo que incrementa el riesgo de errores fatales en situaciones críticas.
Frente a esas dinámicas tan nocivas y peligrosas, la propuesta de RESTORE rompe con métodos tradicionales, como el uso de anfetaminas –práctica adoptada tanto por la Alemania nazi con el Pervitin como por el ejército estadounidense hasta principios de los 2000–, y se orienta a optimizar las microarquitecturas del sueño mediante la aplicación de campos eléctricos o magnéticos. Si la tecnología tiene éxito, no solo beneficiará a las fuerzas armadas, sino que también podría extenderse a profesiones que requieren un alto rendimiento a pesar la falta de descanso, como los vinculados a la atención sanitaria, la respuesta a emergencias o la aviación.
¿Cuántas horas tiene que dormir un militar?
Las necesidades de sueño de un militar pueden variar según su rol y las circunstancias, pero generalmente se recomienda que los adultos, incluidos los militares, duerman entre siete y nueve horas cada noche para mantener un rendimiento óptimo. Sin embargo, en situaciones de entrenamiento intensivo o despliegue, los militares pueden tener que adaptarse a períodos de sueño más cortos o irregulares. Por ejemplo, durante ejercicios de campo o misiones operativas, podrían dormir solo cuatro o cinco horas por noche o incluso menos, dependiendo de las demandas de la misión. La clave está en la gestión del sueño y en aprovechar al máximo las oportunidades para descansar cuando sea posible, utilizando técnicas como siestas cortas para mantener la alerta y el rendimiento.
¿Cómo hacen los soldados para dormir en la guerra?
En situaciones de guerra, los soldados deben ingeniárselas para descansar, ya que el sueño suele ser fragmentado y en condiciones adversas. Por ejemplo, en una trinchera pueden recurrir a sacos de dormir y camuflaje improvisado para protegerse mientras aprovechan para dormir breves intervalos entre turnos de guardia. En misiones al aire libre, es común que adopten posturas semirreclinadas en vehículos o refugios improvisados, con el fin de capturar momentos de sueño ligero. Para ello, se entrenan en técnicas que les permiten conciliar el sueño de forma casi instantánea y mantenerse en estado de alerta en todo momento.
Por qué la DARPA pone el énfasis en optimizar el sueño
Lo cierto es que la falta de sueño afecta gravemente el funcionamiento del cerebro, y sus efectos se evidencian en errores cotidianos. Un botón de muestra significativo de cómo la falta de horas de sueño puede lastrar nuestra conducta lo aporta Peggy Gatsinos, una estudiante de biología de la Universidad de Illinois, quien contó a ABC News un despiste que tuvo tras una noche de insomnio parcial: "Fui a guardar las cosas y puse los cereales en la nevera y la leche en el armario".
Este tipo de descuidos, consecuencia directa de la privación del sueño, ha sido vinculado a catástrofes de gran magnitud, como el colapso de Chernóbil o el accidente del transbordador espacial Challenger. Por ello, el Ejército de Estados Unidos lleva tiempo investigando el desarrollo de métodos que permitan a sus tropas mantenerse en estado de alerta hasta siete días consecutivos. Así, según una declaración de la DARPA, se podría "eliminar la necesidad de dormir durante una operación... y creará un cambio fundamental en la lucha bélica y en el empleo de las fuerzas".
Para lograr este objetivo, DARPA también financia un programa multidisciplinario complementario a RESTORE, denominado "Continuous Assisted Performance". Este programa estudia desde la manipulación del cerebro mediante resonancia magnética hasta el análisis de los circuitos neuronales de aves que permanecen despiertas durante días.
John Carney, director de esta iniciativa, destaca su carácter pionero: "Este programa es realmente innovador", afirma, haciendo hincapié en que se inspiran en capacidades presentes en la naturaleza para aplicarlas al ser humano de formas que nadie había imaginado. El propósito es atenuar, al menos de manera temporal, la necesidad del sueño para preservar el rendimiento cognitivo de los soldados, lo que podría proporcionar a EE.UU. una ventaja estratégica en futuros escenarios de conflicto.
Otra táctica para descansar: siestas de 20 minutos y cafeína controlada
Explorando en la red para conocer mejor la necesidad del ejército de EE.UU. de acortar y optimizar el descanso de sus soldados, nos hemos topado con este interesante artículo de Tom Ryan para Sleep Foundation, la Fundación del Sueño, en el que se detalla cómo la privación de sueño afecta gravemente a los militares. En el caso de Estados Unidos, solo el 37% de la población duerme las siete horas recomendadas, mientras que el 76% de los militares descansa todavía menos. De hecho, "en promedio, el 60% de los miembros del servicio militar duerme menos de seis horas por noche", y quienes están desplegados apenas llegan a las cinco horas, lo que contrasta claramente con el mínimo saludable para adultos. Durante los entrenamientos, tanto los cadetes de la Academia Militar de EE.UU. como los soldados en escuelas de élite como los Rangers solo consiguen hilvanar entre tres y cinco horas de sueño, lo que evidencia una acusada deficiencia en el descanso en el entorno militar.
Entre las estrategias que el ámbito militar está implementando para optimizar el descanso están las "siestas tácticas" de 20 minutos, combinadas con el consumo controlado de cafeína. También se ha popularizado el método descrito en el libro "Relax and Win: Championship Performance", que permite a los soldados conciliar el sueño en apenas dos minutos. Aunque en la cultura castrense la necesidad de dormir suele percibirse como una señal de debilidad, estas prácticas buscan contrarrestar los efectos del sueño fragmentado y mantener el rendimiento operativo. Se trata de una dinámica que demuestra que, a pesar de las adversidades, se están adoptando soluciones para proteger la salud y efectividad de los militares, sin descuidar su bienestar integral.
Tanto es así que existen estudios que revelan que cuando los soldados duermen menos de cuatro horas, su efectividad en combate se reduce entre un 15% y un 25%. Aun así, solo el 16% cree que la falta de sueño afecta a su desempeño. Asimismo, cabe señalar que la Oficina del Cirujano General del Ejército estadounidense recomienda "que los soldados duerman al menos siete horas por noche", a pesar de que en ejercicios de campo se toleran como mínimo cuatro horas. Estos datos dejan en evidencia la urgencia de abordar el problema, ya que la fatiga se ha relacionado con accidentes mortales y serios fallos en la operatividad de las tropas.
El sueño en la vida militar: un desafío constante
El informe "Sleep in the United States Military" ("El sueño en el ejército de los Estados Unidos"), elaborado por Cameron H. Good, Allison J. Brager, Vincent F. Capaldi y Vincent Mysliwiec, ofrece un análisis exhaustivo sobre la importancia crucial del sueño en la salud y desempeño de los miembros del ejército estadounidense.
Este estudio examina cómo el estilo de vida militar impone serias restricciones al sueño de los soldados, repercutiendo directamente en su rendimiento, salud y seguridad. Factores como las operaciones continuas, los turnos nocturnos y la presión constante del combate reducen drásticamente las horas de descanso, con consecuencias notables. De hecho, hay investigaciones que indican que más del 70% de los militares duermen menos de seis horas por noche, mientras que solo el 30% alcanza el mínimo recomendado, de entre siete y ocho horas.
A pesar de programas como el "Performance Triad" del Ejército de EE.UU. –que promueve el descanso adecuado junto con nutrición y ejercicio–, la cultura militar continúa asociando la privación de sueño con resistencia y disciplina.
Impacto fisiológico y psicológico del sueño insuficiente en el ámbito militar
La falta de sueño en el entorno militar tiene efectos profundamente negativos sobre la salud física y mental de los soldados. En esa línea, el déficit de descanso se ha vinculado con trastornos cardiovasculares, metabólicos y cognitivos, así como con enfermedades neurodegenerativas como la demencia. La privación del sueño guarda igualmente una estrecha relación con trastornos psicológicos como el estrés postraumático (PTSD) y la depresión, agravando las secuelas de las experiencias traumáticas en combate. Y un estudio reveló que la mayoría de los veteranos con PTSD también presentan insomnio severo.
El desafío del trabajo nocturno y las operaciones 24/7
Las operaciones militares exigen trabajo nocturno y turnos rotativos que alteran profundamente los patrones de sueño. En este contexto, estudios desarrollados en el marco de la Marina de EE.UU. han demostrado que los marineros con turnos de tres horas de guardia y nueve de descanso presentan mayores niveles de alerta y menor fatiga que aquellos sometidos a turnos más prolongados.
Otro factor de estrés que empobrece la cantidad y calidad de las horas de sueño son los cambios bruscos de zona horaria, como los enfrentan los soldados desplegados en Oriente Medio. Estas alteraciones afectan la producción de melatonina, incrementando la fatiga operativa. Para mitigar estos efectos, se han propuesto soluciones como la exposición controlada a luz azul y el ajuste progresivo de horarios antes del despliegue, aunque su implementación aún es limitada. En contextos de combate, la necesidad de permanecer alerta supera las capacidades fisiológicas humanas, por lo que a menudo se recurre a estimulantes como la cafeína o el modafinilo. No obstante, su uso excesivo puede generar dependencia y perturbar aún más el sueño nocturno.
Un equilibrio entre tecnología, rendimiento y bienestar
En definitiva, a medida que la guerra moderna se vuelve más tecnológica y depende cada vez más de la capacidad cognitiva de los combatientes, la gestión adecuada del sueño será clave tanto para la efectividad de las fuerzas armadas como para la salud a largo plazo de sus integrantes.
Si bien la tecnología podría proporcionar una ventaja estratégica significativa en futuros conflictos, también suscita preocupaciones sobre su impacto a largo plazo en la salud física y mental de los soldados. No en vano, la privación crónica de sueño se asocia a trastornos cardiovasculares, metabólicos y cognitivos, así como a enfermedades neurodegenerativas y problemas de salud mental como el estrés postraumático (PTSD). Además, la implementación de tales tecnologías podría socavar la autonomía y la integridad de los soldados, planteando dilemas éticos relacionados con los límites de la intervención biotecnológica en el cuerpo humano.
Por ello, a medida que se avanza en este campo, resulta crucial equilibrar las necesidades operativas con el bienestar integral de los militares, garantizando que las soluciones propuestas no solo sean eficaces, sino también éticas, seguras y sostenibles a largo plazo.