Para cualquier que pretenda conocer cuál es la finalidad del ‘Libro Blanco sobre el futuro de la Defensa de la UE’ bastaría con realizar una lectura rápida de su apartado 6, A strong & innovative defense industry in Europe. En este apartado es donde se establece su propósito: la implementación de una industria de defensa fuerte e innovadora en Europa a través de políticas específicas de la UE; es aquí donde está la clave, en la industria de defensa. No busquen otros objetivos, propuestas o ideas para fortalecer la defensa europea que no pasen por la potenciación de la producción armamentística en, por y para Europa; una cuestión que, si bien pudiera parecer oportuna y necesaria en países como España, con una tradición sobria en cuanto a la presupuestación en materia de defensa, la realidad es que existen otros ámbitos en los que la defensa de Europa aún está en mantilla.
Es cierto que el actual TUE restringe mucho la herramienta militar de la UE. Sólo para determinadas misiones y en determinados territorios y circunstancias, pero la situación actual urge un cambio radical que el ‘Libro Blanco’ no va a provocar. ¿Dónde están las soluciones para cubrir el gap de la integración militar permanente que aseguren una disuasión efectiva de la Unión como tal? ¿Seguiremos asistiendo a inacabables sesiones de negociación política ad-hoc, como se ha puesto de manifiesto en los últimos días, cuando se ha tratado únicamente de conformar una Fuerza de Interposición en territorio ucraniano? De cara al futuro, el desarrollo de una cooperación paneuropea a gran escala para abordar las deficiencias críticas de capacidad en áreas prioritarias es una necesidad estratégica que llevará varios años lograr, por lo que es aún más urgente intensificar dichos esfuerzos ahora.
Estos esfuerzos de integración no han sido incluidos en las recomendaciones finales para “el camino a seguir para la defensa europea” del libro a pesar de que para ello recuerda que, desde la Cumbre de Versalles de marzo de 2022, los Estados miembros han coincidido en la necesidad de asumir una mayor responsabilidad en materia de defensa que en asuntos de creación de nuevas estructuras operativas de carácter permanente no avanza a pesar de la crisis de Ucrania. A pesar del párrafo final lapidario del Libro Blanco que reza “Europa debe tomar decisiones audaces y construir una Unión de Defensa que garantice la paz en nuestro continente a través de la unidad y la fuerza. Se lo debe a sus aliados de la OTAN, a Ucrania y, sobre todo, a sí mismo, a los ciudadanos europeos y a los valores que defiende. La UE y sus Estados miembros deben estar a la altura de este reto histórico”, el documento no aporta nada nuevo para el fortalecimiento de la capacidad estructural en materia de defensa de la Unión como tal.
Todo ello a pesar de que el volumen haya crecido más de un 31 % desde 2021 entre los Estados miembros alcanzando el 1,9 % del PIB combinado de la UE, es decir, 326.000 millones de euros en 2024. Una inversión que alcanzó una cifra sin precedentes de 102.000 millones de euros en 2024, casi el doble de la cantidad gastada en 2021. Sin embargo, en su conjunto, el gasto europeo en defensa sigue siendo muy inferior al de Estados Unidos y, lo que es más preocupante, inferior al de Rusia o China. También lo son sus estructuras operativas para “hacer la guerra”.
No nos engañemos, el articulo 42.7 del TUE que establece claramente que, ‘si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los Estados miembros le deberán ayuda y asistencia con los medios a su alcance’, no asegura la puesta en marcha de una estructura y medios propios militares de la UE sencillamente porque no existen; deberá actuarse ad-hoc “a la carta” Estado por Estado sin ser posible una actuación colectiva de la propia Unión. De hecho, el Libro Blanco sigue apuntando a la OTAN como la piedra angular de la defensa colectiva de sus miembros en Europa a la que 23 de sus 27 miembros pertenecen. Parece que, en vez de dotarse internamente con nuevas estructuras militares, la UE apueste por incrementar su propia seguridad a través de asociaciones con terceros como así se expresa en el apartado Security Through Partnerships al introducir actores con nuevas visiones de cooperación.
Un mercado único de la defensa
Pero el Libro Blanco esta pensado para otras cosas. Su propósito principal, y yo diría que único, es la implementación de una industria de defensa fuerte e innovadora en Europa por medio de políticas específicas en seis direcciones estratégicas:
- apoyar, reforzar y promover las capacidades industriales en toda la UE;
- asegurar el suministro de insumos críticos de la industria y reducir las dependencias;
- la construcción de un verdadero mercado de equipos de defensa a escala de la UE;
- la simplificación de las normas vigentes y la reducción de la burocracia;
- impulsar la investigación y el desarrollo para fomentar la innovación;
- y mantener, atraer y desarrollar el talento, mejorando las habilidades y la experiencia en el sector de la defensa tal y como se dispone el apartado A strong & innovative defense industry in Europe (Una industria de defensa fuerte e innovadora en Europa).
Más discurso demagógico que ya resuena desde hace mucho tiempo en los oídos de todos los ciudadanos de la UE que observan la incapacidad de sus políticos para avanzar a un ritmo requerido en otra cosa que no sea las compra y la inversión armamentística. De hecho, el objetivo del Libro Blanco es básicamente proponer un impulso a los jefes de Estado y de Gobierno de la compra de material bélico para cubrir las carencias vitales de sus capacidades con una visión de un “mercado único de la defensa”, que incluye a Ucrania, con el objetivo de impulsar la industria de defensa europea y sus grandes lobbies. Fruto de lo anterior, el conocido Plan ReArm Europe de Von der Leyen ya ha identificado cinco pilares para aumentar de forma urgente y significativa el gasto europeo en defensa, expresando que esos pilares ayudarán a abordar las necesidades más inmediatas y a mitigar las consecuencias de la falta de inversión en el pasado, en un reconocimiento del fracaso de las políticas de industria de defensa de los Estados miembros. Una entonación clara del “mea culpa” de la burocracia de Bruselas.
ReArm Europe, a fecha de 2030, es el Libro Blanco de Defensa europea. Nada más. Bueno sí, algo más que no es poco, como la autorización a los Estados a endeudarse hasta ‘las trancas’, pero solo para compras de armamento. También para que la UE se endeude dando 150.000 millones en préstamos a los Estados (y así aliviarles en sus aumentos presupuestarios en Defensa), pero también para gastar en armamento. Las grandes empresas de armamento europeas serán grandes beneficiadas. Dicho de otra manera, Francia, Italia, Alemania y España, por este orden. Está bien, todo o casi todo quedará en casa. ¿O es que alguien va a renunciar a comprar F235 de forma definitiva? Y de lo otro, nada, continuaremos pidiendo a la OTAN que nos asista en las PCSD.
La Europa de la Defensa sigue sin servir a la Defensa de Europa
La Brújula Estratégica de Josep Borrel, que el Consejo aprobó hace ahora tres años coincidiendo con el inicio de la guerra de Ucrania, fue un buen comienzo para acabar con los viejos tabús pacifistas de las anteriores Estrategias de Seguridad Europeas de Solana y Mogherini.
El aumento considerable de la potenciación de los Battelgroups y y el nuevo concepto de Rapid Deployment Capability (EU RDC) de la Unión es un buen ejemplo de ello. El ‘Joint White Paper for European Defence Readiness 2030’, que es así como finalmente se ha denominado el Libro Blanco sobre el futuro de la Defensa europea, podría haber aprovechado la oportunidad de potenciar e impulsar ese concepto ampliándolo incluso a otros ámbitos que potenciasen la estructura militar de la UE, pero no ha sido este el caso. La Europa de la Defensa sigue sin servir a la Defensa de Europa, a pesar del gran negocio de ReArm Europe.