Chips y poder. Una batalla global por controlar la tecnología del futuro (Los Libros de la Catarata), con prólogo de Jordi Sevilla, pasa revista a la feroz batalla que libran China y Estados Unidos por liderar la industria de los semiconductores. Sus autores, Emilio García García (miembro del Consejo Asesor de AESEMI, Asociación Española de la Industria de Semiconductores, y profesional del sector tecnológico desde 1989) y Marimar Jiménez Páez (periodista de El País y Cinco Días, sigue desde hace más de 30 años la actualidad del sector de tecnologías de la información) explican cómo esta lucha está transformando el orden internacional.
PREGUNTA. ¿Quién está ganando la guerra de los chips?
RESPUESTA EMILIO GARCÍA (EG). Lo primero que uno tiene que preguntarse es qué objetivos tenía cada contendiente, China y Estados Unidos. El objetivo de China es conseguir la autosuficiencia y solo lo ha obtenido parcialmente. Necesita más chips de los que produce, tanto en cantidad como en calidad, pero ha avanzado mucho. El propósito central de Estados Unidos era impedir el desarrollo de China. Y también lo ha logrado parcialmente.
RESPUESTA MARIMAR JIMÉNEZ (MJ). En cuanto a fabricación de chips, a China le pueden quedar entre 5 y 10 años, pero en los avanzados, en los maduros, ya dispone de la tecnología necesaria. Estamos en una fase en la que todavía no se sabe quién puede llegar a ganar esta guerra. Si es que al final la gana alguien.
P. ¿Qué importancia tienen los precios?
R (MJ). Hay quien dice que la sobrecapacidad productiva de China está tirando los precios hacia abajo. No nos creemos esa teoría, porque todavía no consigue producir todos los chips que necesita. Pero en el caso de los chips maduros, hay una tendencia hacia un menor precio. Aunque la guerra de aranceles puede cambiar el panorama. De momento, la batalla de los precios la está ganando Pekín.
P. ¿Qué va a suponer la irrupción del elefante del pelo rojo en la cacharrería de los semiconductores?
R (EG). Primero habría que saber qué quiere hacer. Trump tiene tres patatas calientes. Una, ¿qué va a pasar con Intel? Dos, ¿qué marco de relación es el que va a tener con China? Y tres, ¿qué va a pasar con la política de subvenciones? ¿Se va a continuar o no, o incluso si se va a interrumpir? Que es hacia donde ha apuntado recientemente el presidente de EE.UU. en una intervención ante el Congreso y el Senado. Si cesa la política de subvenciones, a nuestro juicio puede suponer un daño reputacional para Estados Unidos, porque no se puede paralizar un programa de subvenciones, y menos de la importancia que tiene el Chips Act, tan alegremente y crear incertidumbre jurídica.
R (MJ). Si se interrumpe la política de subvenciones, no está claro que la política arancelaria pueda servir para conseguir mayor producción nacional. La estrategia había despertado 450.000 millones en inversiones. Si desaparecen las subvenciones, es difícil que esas inversiones se materialicen, con lo cual la potencia de fabricación de Estados Unidos no se mantendría.
P. ¿Se puede considerar este conflicto guerra híbrida?
R (EG). China lo utiliza como amplificación de narrativas, igual que con DeepSeek. Se trata de industrias estratégicas en las que cada uno hace parecer que ciertos logros son mayores de lo que hay.
P. Aranceles a los semiconductores, ¿a quién perjudicará más?
R (MJ). La política arancelaria de Estados Unidos no va a perjudicar a China en lo referido a los semiconductores. En la primera etapa de Trump en la Casa Blanca, el alza del 25% supuso una bajada de importación de chips, pero luego se recuperó. Y veremos qué pasa con los aranceles que impuso Biden y que están ahora en vigor, del 50%. Todavía no sabemos los efectos. Pero China exporta directamente muy pocos chips a Estados Unidos en comparación con sus exportaciones globales.
R (EG). Otra cosa es si la política arancelaria entra en los productos que tienen los chips chinos, asunto que nunca se ha querido tratar, porque es difícil saber qué productos tienen chips chinos y sería muy difícil de controlar. Eso sí podría afectar a China. Sobre todo a Taiwán y a la República de Corea, que exportan chips a Estados Unidos para fabricar las placas de Nvidia. También influiría en EE.UU., que se vería dañado mientras no produzca los chips dentro de su territorio.
P. ¿Cuál es la influencia de los semiconductores en la industria bélica?
R (MJ). Los chips que se usan generalmente en la industria bélica son commodities, no es la tecnología más avanzada. Tendrán más influencia en la aplicación de inteligencia artificial en defensa.
P. ¿La industria de semiconductores es clave en la reactivación económica de Europa?
R (EG). Como señala Mario Draghi, la política europea de chips no ha sido contundente, ha imitado a Estados Unidos en el sentido marketiniano: si ellos establecen una ley de chips, yo hago otra. El problema es que Estados Unidos concedía grandes subvenciones mientras que ley europea se quedaba en aspirar a movilizar esas ayudas en los Estados miembros. Los multiplicadores de inversión pública a inversión privada en Europa han sido sensiblemente menores que en Estados Unidos.
R (MJ). Para que Europa pueda tener una respuesta competitiva debe marcarse objetivos tangibles y comunes, como ha pasado en Japón con la creación de Rapidus, que es un campeón nacional en fabricación. Hay campeón europeo en máquinas de fabricación, ASML, pero el resto de los eslabones de la cadena de suministro está bastante limitado. Así no se puede competir.
R (EG). La estructura confederal no ha permitido impulsar la industria de semiconductores, porque se carece de un liderazgo central. La soberanía tecnológica de Europa depende de su capacidad para tener una industria de semiconductores fuerte.
P. ¿Cuál es el papel de España en esta obra?
R (MJ). España puede tener un papel interesante en ciertos eslabones de la cadena de suministro que no exigen muchas inversiones, pero que no están muy poblados, como las máquinas de fabricación. Una de nuestras esperanzas es la empresa Wooptix, que se dedica a medir la calidad de las obleas en todo el proceso de elaboración. O los chips fotónicos, tanto en Valencia como en Vigo. En I+D es importante la implantación de IMEC en Málaga o lo que se hace en el Barcelona Supercomputing Center. La única solución, y en parte ASML es eso, consiste en una empresa netamente europea, replicando el modelo Airbus.
P. ¿Rusia tiene algo que decir?
R (EG). Cuando hablamos de esta contienda no nos damos cuenta de que esta no es la primera, como explica Chris Miller en su libro La guerra de los chips. La Guerra Fría fue una guerra de chips, porque esta industria en Estados Unidos creció muy ligada al armamento. Vietnam fue un campo de pruebas. La Unión Soviética perdió la carrera armamentística porque tenía que producir más que Estados Unidos, que fabricaba con más precisión gracias a la industria de semiconductores.
R (MJ). Rusia cometió un estratégico en la industria de semiconductores, muy parecido al que cometió en otros sectores: fiarse de que podía desarrollarse simplemente copiando lo que hacían los de Estados Unidos. Intentó crear una especie de Silicon Valley cerca de Moscú, en Zelenograd, y fracasó.
P. ¿Y Taiwán y la República de Corea?
R (MJ). Es una derivada de la misma historia. Se trata de una de las zonas conflictivas del planeta donde todavía se encuentran vestigios de la Guerra Fría. Desconocemos, además, los planes de Trump. No sabemos si a China le interesa anexionarse Taiwán de un modo pacífico para asegurarse la industria de semiconductores o acabar con ella. Lo mismo sucede con Corea. Si desaparecieran Taiwán y Corea de la industria de semiconductores, China se quedará como la dominante absoluta.
P. ¿Por dónde va la investigación?
R (EG). La investigación prosigue el camino de la miniaturización. El siguiente paso sería ver cómo el empaquetado permite sobrepasar los límites de la miniaturización. La fotónica es uno de los ámbitos que se estudian para conseguir sobrepasar esos límites.
P. ¿Pronóstico para esta guerra?
R (MJ). Probablemente esta guerra continúe bastante tiempo y con incertidumbre. La única manera que tiene China de ganarla es conseguir construir una cadena de suministros avanzada dentro de su territorio. No creo que Estados Unidos pueda llegar a parar a Pekín, que va a seguir progresando. De hecho, China produce bastantes más papers de investigación en semiconductores avanzados que Estados Unidos.