La fuerza conjunta debería disponer de tres componentes: terrestre, naval y aéreo. El mando y control sobre el terreno (de esos tres componentes) se realizaría desde un cuartel general situado en las inmediaciones de su despliegue y dentro de lo que en el argot militar se denomina “teatro de operaciones” o zona geográfica espacial (terrestre, naval y aérea) afectada por la dinámica de la operación militar. Ese puesto de mando de la fuerza de interposición podría establecerse en un territorio preferiblemente neutral como podría ser la República de Moldavia, un país con el corazón dividido entre la UE y Rusia (esta aún tiene fuerzas militares desplegadas en la región rusófona de Transnitria fronteriza con Ucrania).
El cuartel general de la fuerza necesitaría infraestructuras básicas como un aeropuerto cercano y comunicaciones terrestres con todo su despliegue lo que requeriría unos acuerdos específicos de uso en forma de MOU (Memorandum of Understanding) de la UE con las naciones afectadas. El mando de la fuerza muy probablemente podría ser británico (si participasen), cuestión esta con la que Rusia no estaría muy cómoda.
Volumen extraordinario de medios
Un componente terrestre dimensionado para desplegarse al largo de los aproximadamente dos mil kilómetros de frente necesitaría un volumen extraordinario de medios que asegurasen la presencia activa sobre el terreno (boots on the ground) para interponerse en una franja donde hoy en día combaten medio millón de soldados de ambos bandos. Colosal esfuerzo logístico que requeriría meses para realizarlo. Largo desplazamiento de fuerzas terrestres por toda Europa utilizando medios por carretera y ferrocarril. También quizás sería necesario la utilización de instalaciones aeroportuarias en territorio ucraniano, lo que levantaría la suspicacia de Putin. Por no decir de la necesidad de uso de instalaciones navales ucranianas en el mar Negro, especialmente la base naval de Odessa.
El dimensionamiento del componente terrestre de la fuerza de interposición saldría sin duda del planeamiento operacional previo, pero a nadie se le escapa que su volumen no debería bajar de los cien mil efectivos. Eso supondría al menos una organización operativa de dos cuerpos de ejército con tres o cuatro divisiones cada uno. Recordemos que la fuerza de estabilización que se desplegó en Irak en 2003 se compuso de cuatro divisiones para controlar la insurgencia de los restos del ejército de Sadam Husein.
Evidentemente no es una cuestión de cantidad sino de calidad, pero también de acercarse a un número suficiente de efectivos para poder operar en distintos escenarios de forma simultánea. Para ello, los medios de movilidad estratégica tanto aéreos como terrestres serían fundamentales. En cualquier caso, para cuantificar el total no hay que perder el dato que, según fuentes de inteligencia militar, más de 200.000 rusos pueden estar combatiendo sobre el terreno en Ucrania.
Eurocuerpo
Para articular el componente terrestre hay que recordar que existen un número considerable de fuerzas multinacionales europeas de los Estados miembros ya constituidas. Destaca entre todas ellas el Eurocuerpo, creado en 1993 como la principal estructura multinacional que agrupa a varios países de la UE (Alemania, Bélgica, Francia, España, Luxemburgo y Polonia). De entidad de cuerpo de ejército terrestre, su cuartel general (de carácter permanente) está ubicado en Estrasburgo y compuesto por unos 800 efectivos de esos países miembros más un pequeño contingente como naciones asociadas de Austria, Grecia, Italia, Rumanía y Turquía.
Cuenta con una brigada francoalemana de 6.000 efectivos de forma permanente y sumando las fuerzas asignadas de los países miembros podría alcanzar un volumen cercano a los 50.000 soldados. Nunca ha actuado como tal cuerpo de ejército. Hasta la fecha solo ha sido desplegado como cuartel general en operaciones de estabilización de OTAN (SFOR, KAFOR, ISAF I e ISAF II) y en misiones Petersberg de la UE (EUTM Mali y EUTM RCA).
Posible participación del Reino Unido
El otro cuerpo de ejército podría constituirse sobre la base de la posible participación del Reino Unido en la operación. Los británicos tienen un cuartel general de esa entidad que, si bien “está adscrito” a la estructura de fuerzas de la OTAN, para este caso podría operar fuera de ella, ya que la propiedad es de Su Majestad. Se trata del Allied Rapid Reaction Corps (ARRC), creado en plena guerra fría por los británicos en Alemania bajo el nombre de 1er cuerpo de ejército británico en 1953. Hasta 1992 mantuvo su sede allí hasta su traslado al condado de Gloucestershire (Reino Unido) en 2010.
Actualmente, una veintena de naciones, entre ellas España, contribuyen en su cuartel general de 400 efectivos. Con sobrada experiencia en misiones internacionales, el ARRC constituyó la IFOR en Bosnia-Herzegovina en 1995, la KFOR en Kosovo en 1999 y más recientemente la ISAF en Afganistán en 2006 y en 2011. Actualmente tiene preasignadas cinco divisiones, una del propio Reino Unido, una de Italia, una de Dinamarca, una de Canadá y otra de los EE. UU. Para su hipotética participación en Ucrania podría, al igual que el Eurocuerpo, modificar su estructura acogiendo a unidades de otros países (como Holanda) que hubiesen expresado su participación o prescindiendo de otras por el motivo contrario.
Potenciación de los grupos de combate
Como complemento a este posible “alistamiento” terrestre, es preciso mencionar que la Brújula Estratégica en 2022 decidió crear el nuevo concepto Rapid Deployment Capability de la UE (EU RDC) mediante la potenciación de sus grupos de combate (los famosos Battlegroups) cuyo modelo se había quedado obsoleto. Al igual que cualquier decisión relativa a la PCSD de la UE, el despliegue de los Battlegroups está sujeto a una decisión unánime del Consejo en toda la gama de tareas enumeradas en el artículo 43.1 del TUE, cosa que hasta la fecha no ha ocurrido.
El concepto de la UE (RDC) que aportan los “nuevos” Battlegroups ha significado el aumento de sus efectivos de 1.500 a 5.000 duplicando su capacidad despliegue hasta 12 meses en áreas de hasta 6.000 kilómetros medidos desde Bruselas, incluyendo capacidades cibernéticas, fuerzas especiales, helicópteros, transporte aéreo estratégico y, en su caso, fuerzas aéreas y navales, lo que hace evolucionar su concepto de empleo al nivel conjunto (tres componentes). Esta nueva configuración de la RDC de la UE debería aprovecharse en un hipotético despliegue en Ucrania como “punta de lanza” del grueso de las tropas. Hasta la fecha, solo Alemania ha mostrado interés por el nuevo modelo de Battlegroup.
Estructuras navales
En cuanto a estructuras navales, la UE no dispone de estructura multinacionales permanentes más allá de la Fuerza Marítima Europea (EUROMARFOR) compuesta por Marinas de guerra de Francia, Italia, Portugal y España. Es una fuerza naval preestructurada y no permanente capaz de realizar operaciones navales, aéreas y anfibias, su composición depende de la misión encomendada. La fuerza anfibia hispano-italiana (SIAF), con contribución portuguesa y griega, y la fuerza anfibia angloholandesa (UKNLAF) son otros ejemplos de estructuras y mandos navales en la UE, en este caso de Infantería de Marina.
Para una mínima disuasión naval de la fuerza de interposición de la UE que le asegurase la libertad de navegación para establecer un entorno de seguridad inmediato en el flanco sur de despliegue terrestre en Crimea, la Unión necesitaría al menos la creación de un grupo de combate aeronaval que operase en las aguas del mar Negro. Lo anterior supondría una mínima flota de al menos un portaeronaves, un numero de fragatas/corbetas que no menos de cinco/seis y uno/dos submarinos, así como buques auxiliares de asalto, logísticos y de aprovisionamiento suficientes para el apoyo a la flota que debería operar desde la base de Odessa. que le permitiera la vigilancia de la flota rusa basada en Sebastopol.
Componente aéreo
Finalmente, respecto al componente aéreo de la fuerza de interposición, las estructuras comunes entre países europeos no son muy numerosas. La principal es el Grupo Aéreo Europeo (GAE), organización única e independiente formada por Alemania, Bélgica, España, Francia, Países Bajos, Italia y Reino Unido. Su origen se remonta a la guerra del Golfo en 1991 y su objetivo se centra en mejorar la interoperabilidad entre sus fuerzas aéreas.
Otro proyecto, este exclusivamente europeo, es el European Air Transport Command (EATC), que fue creado el 1 de septiembre de 2010 por cuatro naciones: Países Bajos, Francia, Bélgica y Alemania. Luxemburgo se incorporó en 2012 y España en 2014. Su finalidad es la formación común en el ámbito del transporte aéreo, el reabastecimiento en vuelo, el mantenimiento, así como las operaciones combinadas de terminales aéreas. Ambas estructuras deberían ser la base de la aportación de las naciones a la Fuerza que se basaría en una serie de alas de combate de aviones de caza en stand by en sus bases de origen y un numero de aeronaves de trasporte agrupadas en un ala de transporte que dotase a la fuerza de la suficiente movilidad estratégica para asegurar su misión.
Para alcanzar una mínima capacidad común de la UE en esta materia, habría que pensar en primer lugar en poner a disposición de la UE un numero reactores y bombarderos similar al que dispone el adversario al que se pretende enfrentar. Rusia posee actualmente una flota aproximada de unos mil reactores y casi una centena de bombarderos estratégicos a los que hay que añadir su creciente capacidad de producción de drones que está acreditando en la guerra de Ucrania. Además de ello, la UE necesitaría disponer de al menos un gran centro de coordinación de operaciones aéreas, similar al que la OTAN tiene en Torrejón, por ejemplo, que le permitiese conducir las operaciones aéreas de su flota permanente de aeronaves de combate y transporte.
Conclusiones
Como se observa, el grado de integración de los países de la UE en cuanto a estructuras terrestres, navales y aéreas que podrían servir de base a la constitución de una fuerza conjunta y combinada de interposición de la Unión es muy bajo. Sería precisa una labor ingente que pasaría por la coordinación e integración procedimental, operativa y logística, de las fuerzas terrestres, navales y aéreas procedentes de los países contribuyentes.
También sería necesario contar con los medios OTAN que Trump debería autorizar con la más que necesaria “mediación” del Reino Unido. Con todo ello, Europa no debe renunciar a emprender esta ardua tarea. Está en juego su prestigio, político, diplomático y militar. Un prestigio que, desde el ya muy lejano diciembre de 1999, la Cumbre de Helsinki quiso marcar como punto de partida de búsqueda de las capacidades para la Unión, con la definición del objetivo principal de Helsinki. Un objetivo que hasta la fecha no se ha cumplido quizás por falta de “tristes oportunidades” como la que la guerra de Ucrania hoy representa.