Falsas alarmas sobre terrorismo yihadista

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La policía viene detectando desde un tiempo a esta parte la aparición de informaciones falsas y alarmistas sobre posibles acciones terroristas, generadas por profesionales sin escrúpulos. Algunos “supuestos” periodistas han encontrado a través de las redes sociales una vía de acceso a cuentas de individuos y grupos radicales, que apoyan la causa del terrorismo yihadista y que les facilitan historias que tienen luego una importante repercusión en sus medios respectivos.

El método es muy sencillo, aunque lleva su tiempo. Crean una cuenta falsa con nombres o palabras de origen islámico, se hacen pasar por simpatizantes de su causa y consiguen a través de esas cuentas, poco a poco, relacionarse con individuos o grupos que les hablan de sus actividades y objetivos o que critican la precaria situación en la que se encuentran. De esta forma, consiguen una serie de informaciones y noticias “interesadas” que logran llamar la atención. “Estas historias – comentan en fuentes policiales – tienen una considerable difusión en redes sociales y provocan en la opinión pública un efecto multiplicador, pese a que en la mayoría de los casos no tienen demasiado fundamento”.

Las redes sociales, insisten en las mismas fuentes, ocultan identidades y se han convertido en un elemento fundamental para las actividades de los grupos radicales, por la falta de control y por la dificultad que entraña para los cuerpos especializados en terrorismo yihadista y para el resto de funcionarios pertenecientes a los cuerpos de Seguridad del Estado encontrar a los autores de los mensajes. Sin las redes sociales, comentan, estarían aislados y mucho más controlados por la policía.

Se evitaría también así la movilización y el despliegue de efectivos a escenarios en los que supuestamente se están preparando los atentados. Todos recuerdan lo ocurrido la pasada Semana Santa en Sevilla, tras la difusión de un vídeo por Telegram anunciando acciones violentas contra las procesiones. El supuesto autor de la grabación fue detenido posteriormente en Marruecos. Pero, lo peor de todo, es que por el afán de conseguir noticias en ese mundo vinculado a grupos radicales, dentro y fuera de España, profesionales de la información creen cuentas falsas y accedan a mensajes y amenazas que en muchos casos no tienen ni pies ni cabeza.