"Cohn", el equipo ruso que ayuda a Putin a influir en Trump

La influencia del abogado Roy Cohn sigue proyectándose en la política de Trump, pero ahora Putin la ha convertido en su mejor baza estratégica.

Ramón C. Riva.

Ex militar y experto en Seguridad.

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Vladímir Putin y Donald Trump | Imagen creada con IA
Vladímir Putin y Donald Trump | Imagen creada con IA

Roy Cohn fue un abogado brillante estadounidense. En 1951, como fiscal adjunto, desempeñó un papel clave en la condena y ejecución de Julius y Ethel Rosenberg, acusados de ser espías soviéticos y ayudar al desarrollo de su bomba atómica. Para conseguir que fueran a pena de muerte, Cohn recurrió a conversaciones –nada legales– con el juez del caso.

Posteriormente, se convirtió en el asesor principal del senador Joseph McCarthy, conocido por su caza de brujas contra actores y funcionarios del gobierno sospechosos de tener vínculos comunistas.

La influencia de Cohn en Trump

La relación entre Cohn y Donald Trump comenzó a principios de la década de 1970, cuando el gobierno estadounidense demandó a Trump y a su padre por discriminación racial en los apartamentos que administraban. Cohn convenció a Trump de contrademandar al Departamento de Justicia, una estrategia que marcaría la personalidad del futuro presidente.

De hecho, en EE.UU. se reconoce a Cohn como la figura clave en la formación de la personalidad pública y política de Trump, moldeada entre 1971 y 1986, y basada en un principio muy simple: atacar, contraatacar y nunca disculparse.

Además de representar a la familia Trump, Cohn fue abogado de varios jefes de la mafia. Falleció de sida en 1986, negando hasta el final su orientación sexual, a pesar de acudir a eventos públicos con sus parejas masculinas. Y es que, paradójicamente, Cohn fue un hombre homosexual que persiguió a otros gays para expulsarlos de sus cargos gubernamentales.

En 2016, en plena campaña presidencial, The Washington Post destacó la influencia de Cohn en Trump en un artículo titulado: "El hombre que le mostró a Donald Trump cómo explotar el poder e infundir miedo".

Trump y su afinidad con líderes autoritarios

Desde sus primeras reuniones en 2018, políticos estadounidenses, tanto demócratas como republicanos, se preguntaban por qué Trump parecía llevarse mejor con líderes autoritarios como Vladímir Putin o Kim Jong-un, que con aliados democráticos como Justin Trudeau.

Según fuentes estadounidenses, Putin demuestra ser astuto que Trump al prepararse minuciosamente estas reuniones junto a sus equipos, mientras que Trump actúa de manera personal y su actitud hacia los líderes fuertes está influenciada con su formación como hombre de negocios, acostumbrado a manejar directamente sus empresas. Esta percepción fue compartida por figuras clave de la política estadounidense en aquellos años, incluido el difunto senador republicano John McCain.

"(Trump) Se siente más cómodo con el modelo autoritario de hacer negocios, donde actúas por tu cuenta sin los pesos y contrapesos que acompañan al proceso democrático", señalaba Joshua Sandman, experto en comportamiento presidencial de la Universidad de New Haven, a BBC Mundo.

En su primera legislatura, Trump aplicó la llamada Teoría del Loco, estrategia que Richard Nixon empleó con éxito durante la guerra de Vietnam y que el líder republicano ha retomado en los inicios de su segundo mandato. Esta teoría se basa en amenazar con el peor de los males para obtener mejores resultados en las negociaciones.

Como explicó Nixon a su jefe de personal H.R. Haldeman en 1969: "La llamo la Teoría del Loco, Bob. Quiero que los Norvietnamitas crean que he alcanzado el punto en el que podría hacer lo que fuera para parar la guerra. Correremos el rumor de que, 'por amor de Dios, conoces a Nixon, está obsesionado con el Comunismo. No lo podemos reprimir cuando está furioso —y tiene la mano en el botón nuclear'— y el mismo Hồ Chí Minh estará en París en dos días suplicando por la paz".

Esta teoría sostiene que, si se hacen amenazas aparentemente increíbles, podrían parecer creíbles. Como lo hace Trump. Sin embargo, a diferencia de Nixon, los rivales de Trump —aunque no tanto sus aliados— conocen de sobra esta táctica, lo que ha reducido su efectividad. Además, desde la retirada de Afganistán en agosto de 2021, Estados Unidos ha perdido mucho crédito entre sus aliados.

En esta línea, cabe recordar que la primera y única vez que se ha aplicado el artículo 5 de la OTAN —según el cual "un ataque armado contra una o contra varias de ellas, acaecido en Europa o en América del Norte, se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas"— fue tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, es decir, para defender a EE.UU.

El uso excesivo de amenazas como herramienta de negociación, como ocurre actualmente con Ucrania y Zelenski, permite a Trump obtener concesiones en una primera fase, pero también genera dudas sobre su capacidad para mantener acuerdos estables.

Trump percibe a EE.UU. como su empresa y convierte todo en algo personal. Para él, Putin "es un buen competidor, y creo que la palabra competidor es un elogio".

Putin domina el juego con la estrategia del equipo Cohn

Para los rusos, cada encuentro con Trump es una partida táctica similar al hockey sobre patines, donde se analiza hasta el más mínimo detalle, incluido el lenguaje corporal.

"Cuando estrecha la mano, Donald Trump normalmente extiende la palma para engañar a su oponente y hacerle creer que está abierto para el contacto. Luego, arrastra la mano de su adversario hacia él para desequilibrarlo", explicaba un experto en lenguaje corporal al periódico pro-Kremlin Komsomolskaya Pravda, según recoge BBC Mundo.

"Pero en Helsinki estrechó la mano de Putin con bastante normalidad, sin movimientos astutos. (Esto) refleja los resultados de la reunión y lo que ha sucedido en el último año: Trump no ha dominado a Putin", apuntaba el experto.

De momento, gracias a lo que fuentes estadounidenses denominan el equipo Cohn, Putin juega mejores bazas con peores cartas de salida que Trump. La influencia de Cohn, conocido como el "maestro manipulador", sigue proyectándose en la política de Trump, aunque en esta ocasión parece estar al servicio de los intereses del Kremlin.