Los peligros que nos acechan si intentan acabar con el dinero en efectivo por el Covid-19

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Dinero en efectivo en tiempos del Covid 19. Los peligros de intentar acabar con él

Luisa vive en un pequeño pueblo de la provincia de Córdoba, ronda ya los noventa años y, aunque la han enseñado sus hijos a manejar las tarjetas de crédito, se apaña utililizándola dos veces al mes en el DIA para que no le cobren comisión.

Sin embargo, hace poco más de un mes montó en cólera cuando se enteró de que la entidad bancaria que utilizaban en su pueblo iba a cerrar y le mandaron a casa su DNI Digital. La reacción de esta mujer fue automática. Decidió sacar todo el dinero posible de la cuenta, si no de golpe, sí poco a poco, y dar cuenta de su decisión a sus hijos. La digitalización forzosa en los pagos, a los cuales nos está sometiendo el Covid-19, puede tener efectos colaterales no deseados.

Hay entidades bancarias que han dejado de suministrar monedas a los comercios, con lo cual, pese a su voluntad, se han visto obligadas en ocasiones a cobrar mediante tarjeta, pese a que son muchos los clientes que ya conocen lo que ha dicho la Organización Mundial de la Salud con respecto al metálico y al dinero: se puede pagar en efectivo sin peligro.

El ciudadano está desorientado y desconfía de las normas: no hace falta hacer acopio de mascarillas, pero ahora resulta que quien no la lleve tendrá que pagar una multa. En el caso del uso del dinero en efectivo, que muchas entidades financieras se empeñan en convertir en obsoleto, ocurre exactamente lo mismo.

Hay quien confunde sus deseos con la realidad. Y al dinero le queda mucho tiempo por delante, entre otras cosas, porque la gente ha aprendido ya algunas lecciones del pasado. Desconfía por naturaleza y no está dispuesta a que desaparezca. El dinero en efectivo, el cash, el líquido, reúne, como afirman los expertos, muchas ventajas: hay entornos donde es completamente imposible imaginar una transacción que no sean en dinero contante y sonante.

Emilio Fernández-Blanco Garrido, abogado socio fundador de Blanco y Fechenbach abogados, no puede ser más explícito: “No estamos preparados para dar este salto. Y hay muchas transacciones que solo se pueden hacer en efectivo. Desde comprar en mercadillos, a las transacciones agrícolas y ganaderas en zonas, donde no existe un TPV, supondría una tremenda exclusión para el entorno rural”. Y además, añade, se trata de una simple cuestión de seguridad, no se puede confiar todo el dinero al universo digital. Con los problemas de ciberdelincuencia existentes, “hay que tener los huevos distribuidos en distintas cestas”.

Le pese a quien le pese, el dinero contante y sonante tiene una enorme intolerancia a los fallos. Si alguien lleva dinero, tres mil euros en el bolsillo, para rematar una transación no va a haber problemas, mientras que si dependes de un plástico o una tarjeta o un TPV lo mismo puede funcionar o no. Y es probable que, tras ir a ver al ganadero, termine saliendo de allí sin cerdo. Hay muchos intercambios comerciales que se pueden ir al traste porque en un momento dado la tecnología no esté disponible.

También hay comercios muy pequeños que funcionan con márgenes tan ajustados en los entornos rurales que no pueden permitirse pagar un 2% o un 3% de lo que facturan a los bancos.

Un ofibus de Bankiam, de los que hacen rutas por los pueblos más perdidos de España

Por ello existen, afortunadamente, los ofibuses de Bankia, para no dejar colgados a los habitantes de pueblos muy pequeños. Hacen sus rutas con sus camiones cargados de dinero, y en ellas los clientes pueden proceder a la retirada de efectivo, ingresos, pago de recibos o impuestos. Bankia es una de las entidades más comprometidas con los entornos rurales y con la tercera edad. Y el Covid-19 no les ha detenido.

La banca no puede permitirse ahorrar en cajeros automáticos. El individuo ya sabe lo mucho que se le escapa de su privacidad cada vez que dice que sí “al mensajito de que acepta las cookies de Internet. Y puede que no esté dispuesto a que nada ni nadie sepa en que se gasta cada céntimo de su dinero, o que tengan control sobre tu vida privada y sepan cuáles son sus hábitos de consumo”, afirma Emilio Fernández-Blanco Garrido.

De la misma opinión es Alberto Rincón, propietario de la jamonería El Roceño, situada en el mercado de Tres Cantos, propietario de una máquina que cobra sin mayores problemas a través de dinero en metálico y da las vueltas. En Cataluña se trata de una práctica muy extendida: “Todo lo que sea fomentar las tarjetas para evitar el uso del dinero en efectivo no es más que un prestexto para controlarnos. Hay gente que le gusta pagar con tarjeta y hay gente que odia que hayan ampliado lo de que no haya que marcar el pin hasta cincuenta euros por miedo a que le roben la tarjeta”. Su máquina le costó entre seis y siete mil euros, y le deja la contabilidad cuadrada a final de mes. No existe un aparato más moderno y funcional. También disponen de él en algunos Telepizza.

Alberto Rincón, partidario del cobro con efectivo y propietario de la Jamonería Roncero en Tres Cantos
Alberto Rincón, propietario, de la Jamonería El Roceño, en Tres Cantos y defensor del cobro en efectivo.

Antes del Covid, un 60% de los clientes de Alberto pagaban con metálico y un 40% lo hacía con tarjeta. Ahora, ante el miedo que han transmitido las instituciones, un 90% paga con tarjeta y un 10% mediante medios electrónicos Confía en que el tiempo le de la vuelta de nuevo a todo, porque él es una de las víctimas del escaso interés de algunos bancos en facilitar dinero en efectivo para que pueda dar las vueltas.

Hay muchos intereses en juego. A los bancos les interesa la digitalización llevada al límite, pero… ¿Y a las personas mayores? Luisa, nuestra nonagenaria cordobesa, ya ha sacado todo su dinero del banco.

Máquina para cobrar en efectivo y recibir el cambio, sin tener que acercarse al vendedor

Hay quien empieza a comprar oro. Otros, septuagenarios aburridos a los que sus hijos no han metido aún en residencias, están sacando cantidades ingentes de dinero que prefieren poner en manos de sus atractivas cuidadoras. El cajero de la sucursal de una importante entidad bancaria presenció la pasada semana dos casos. Se le da muy mal lo de manejar el pin y no le apetece que sus hijos, autorizados en la cuenta, controlen en qué gasta o deja de gastar su dinero. Es solo una anécdota, pero muy reveladora… Y es que la avalancha de muertes ocasionadas por el Covid-19 y los recortes de personal en el ámbito bancario están retrasando muchísimo las testamentarías en determinadas entidades. Y hay un dicho muy feo sobre los conventos que no puede resultar más gráfico en las circunstancias actuales.

Peloso, una tienda de animales para mascotas con las máximas condiciones higiénicas, donde se cobra en efectivo

Se puede cobrar en metálico perfectamente y guardar las medidas máximas de seguridad. De ello puede dar fe Rosaura, la dueña de Peloso, propietaria de una tienda de alimentación de mascotas y peluquería canina. Al entrar una pequeña valla y un cajón de plastico nos permite guardar la distancia de seguridad de dos metros. No se quita la mascarilla en ningún momento, y a veces la lleva doble, para no contagiar en caso de que fuese asintomática, y para que no la contagien.

Desinfecta todos los objetos de la tienda con una solución hidroalcoholica y un chorrito de jabón, desde los pomos de la puerta a las propias bolsas de comida para animales que entrega a los clientes. Deposita los materiales con el máximo cuidado para evitar el contacto con el cliente, y a veces incluso se da la vuelta cuando entrega los sacos de comida, que no llega ni siquiera a entregar en la mano, los deja fuera del mostrador tras una valla y un pollete de plastico provisto de hidrogel.

Es el cliente quien se acerca a recoger el saco y a pagar a gran distancia de ella. Y acepta dinero en efectivo.. “Yo no tengo problemas en cobrar en metálico o en dinero.Al principio la gente pagaba con tarjeta, y ahora en cambio cada vez es más la gente la que quiere pagar en metálico. Creo que ya lo ha dicho la OMS, el dinero se puede utilizar y no contagia el coronavirus. Y se puede desinfectar dejándolo en un cajón a oscuras o mediante otros medios, como las soluciones hidroalcoholicas o agua y jabón. Y, si estamos muy obsesionados, hasta se pueden lavar. ¿Quien no se ha dejado un billete de cinco euros en la lavadora y se lo ha encontrado al día siguiente?”. Lo importante, afirma, es mantener la máxima distancia de seguridad posible entre las personas.

El universo que nos espera en una década no puede ser más aterrador: si alguien nos roba nuestro dinero, el problema será calderilla ante el robo de nuestra libertad

El dinero en metálico no contagia ningún virus o al menos no más que muchas otras prácticas, y no se puede imponer el uso de las transacciones puramente electrónicas en una sociedad tan bancarizada como la nuestra. Una sociedad donde una persona que saca su dinero puede tener problemas a la hora de volverlo a ingresar transcurrido algún tiempo con Hacienda, aunque pueda justificar perfectamente los movimientos.

Hace unos días, una señora, en la puerta de un banco, pedía ayuda para introducir el pin a alguien que estaba esperando detrás de ella. No veía bien. Dio con una buena persona que le recomendó que no marcara los digitos delante de otro. La pobre mujer se sintió herida en sus sentimientos. Cada vez que entra en el banco, el cajero, al que le encantaría pagarle con dinero de ventanilla, siguiendo instrucciones de sus jefes la acompaña a la puerta y le vuelve a enseñar como se hace todo. No se le permite ser analógica en un universo digital. Ya es mayor, en una o dos décadas, probablemente ya no esté aquí.

Tal vez para entonces no existan ni los cajeros físicos ni los automáticos, habrá otros virus, y otros problemas, pero si la peor de nuestras pesadillas se cumple estaremos en un mundo como el que predecía Aldoux Huxley, pero mucho menos feliz. La exclusión social dejará a mucha gente fuera del sistema, y ni siquiera dispondremos de un cajero automático. Y, con Covid-19 o sin él, habremos perdido gran parte de nuestra libertad.

Todo lo que hagamos será controlado: nuestros deseos, nuestros hábitos de consumo, nuestros anhelos y hasta nuestros pecados. La información siempre ha significado poder, pero nos enfrentamos a un abismo muy peligroso. No dejemos que acaben con el pago con dinero en efectivo. Es mejor que te lo roben a que te quiten la libertad.