La seguridad complica las reaperturas

Prendas higienizadas con ozono o en cuarentena y cita previa

115
tienda ropa

Ir de compras ya no será lo que era. Al menos de momento. Ni mejor ni peor, pero muy distinto en muchas cosas. Con el virus rondando, la salud sigue siendo lo primero y tendremos que acostumbrarnos a pautas que, además de devolvernos la confianza y animarnos a pisar las tiendas físicas, ayuden a los empresarios a no disparar costes para cumplir con las medidas de protección necesarias.

Tal vez es el momento de poner orden y controlar ciertos desmadres, como el de llevarse media tienda al probador y, sobre todo, hacerlo con más intención de ‘jugar’ que de comprar (sobre todo como plan de jovencitas que así matan la tarde del fin de semana, sin siquiera llevar dinero en el bolsillo). Y va en femenino porque las estadísticas así lo delatan: las mujeres encabezan, de largo, los rankings de compras en el sector moda. “Nosotras pasamos tres años de nuestra vida yendo de tiendas”, precisa Sara Villegas, experta en marketing y CEO de la agencia Be Marca.

En el libro Marketingdencias, curiosidades y anécdotas sobre el marketing y la publicidad de tu día a día, junto a dicho dato, aparecen otros de tendencias y previsiones en el textil, que ahora, cuando han pasado unos años desde que se publicó, podrían volver al debate. Y eso, sin que Villegas pudiera imaginarse entonces nada parecido a esta pandemia.

“¡Desde luego! Si ya se venían rompiendo paradigmas desde hace tiempo, esta situación lo va a hacer por completo. La seguridad manda y ello acelerará del todo la transformación digital, también de las pequeñas tiendas de ropa. Desinfectar la mercancía tiene costes y se añade el miedo del consumidor que va a necesitar su tiempo… Que la gente pueda entrar, probarse y no llevarse, requiere un estocaje que no todos los negocios se pueden permitir. Tal vez sea más conveniente implantar una nueva política de devoluciones que facilite las cosas al comprador”, reflexiona en voz alta.

Sin embargo, ahora, toda prenda que se devuelva deberá ir derecha a guardar cuarentena. 48 horas fuera de circuito. La lección – bien aprendida para evitar el contagio – de lavarse adecuadamente las manos y desinfectar todo lo tocado, incluye la ropa. “El virus puede durar entre uno y dos días en ella, por lo que se recomienda lavarla a más de 60º, lo que garantiza su desaparición. Y en caso de no poder lavarse, ventilación al sol y plancharla con vapor”, dice el protocolo científico-técnico difundido por el Ministerio de Sanidad. Pero ¿cómo higienizan las tiendas para mantener en perfectas condiciones lo que venden?

Los probadores son la zona que da más quebraderos de cabeza a la hora de reducir riesgos

Desde ACOTEX, patronal de comercio textil, aseguran haber mandado a sus asociados las recomendaciones necesarias, “basadas en la experiencia de países que autorizaron la apertura de este tipo de establecimientos antes que España; recomendaciones en las que prima la desinfección diaria del local y mercancía, sea con higienizantes o aplicando altas temperaturas”. De momento, parece que se está apostando mucho por el ozono y los rayos UVA porque, aunque aún no hay certificación de su utilidad, parece que es lo más efectivo sin dañar los tejidos.

Estas medidas, unidas a las recomendaciones habituales de mantener el distanciamiento social de dos metros, el uso de mascarillas, guantes, gorros y patucos desechables en caso de tocados/sombreros y calzado, también están recogidas en una Guía de Buenas Prácticas dirigida a “la actividad comercial en establecimiento físico”, elaborada por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo y el de Sanidad.

Un capítulo especial merece el tema de los probadores, la zona que da más quebraderos de cabeza da a la hora de reducir riesgos. Se recomienda que, frente al acceso a estos mediante cortina, se opte mejor por puertas y paneles, que se entre de manera individual y que, si hay varios, se haga uso parcial de los mismos, alternando uno sí y uno no.

Aquí viene a colación el tema del ‘showrooming’, algo de lo que Sara Villegas sabe bastante. “La afición a ir de compras al comercio de cercanía, para probarse productos que se acaban adquiriendo en tiendas virtuales, es algo que va en aumento en los últimos años. Más de la mitad de las compras en Internet provienen ya de esta práctica. Algo que, en adelante, podría verse afectado, si la gente se muestra más reacia a probarse ropa por desconfianza o, simplemente, por prudencia y concienciación, puesto que eso le va a reportar problema al vendedor. Habría que buscar soluciones tecnológicas que, sin duda, llegarán. Aún es todo muy experimental, pero ya se está investigando en este sentido”, explica.

Tasa en probador, simulaciones virtuales y greeters

¿Y si pudiéramos comprar, sin probar, con la garantía de acertar? Complicado hacerlo a ojo, por más que uno se conozca y vaya a lo menos arriesgado. Pero ¿y si la tecnología se prueba la ropa por ti, con un modelo virtual hecho a imagen y semejanza? La realidad aumentada es la solución y eso ya lo saben las tecnológicas y el sector textil, aunque queda mucho por desarrollar.

Las pruebas piloto hechas hasta ahora distan mucho de sustituir a la compra directa en tienda. Por eso, se reavivan debates con propuestas intermedias como implantar “la tasa probador”. “Ya hace un par de años hubo ensayos para cobrar a los clientes por entrar a los establecimientos, compraran o no, sobre todo, si además de echar un vistazo uno se prueba. En otros países esta tasa existe. En España, por ejemplo, ya hay agencias de viaje que solo por informarte cobran. Pero es controvertido y requeriría que se estableciera de forma general para que funcionara”, opina Sara Villegas.

Lo que está claro es que las tiendas tendrán que cubrir costes y, si encima ahora mantener el negocio se encarece por las necesarias y estrictas medidas de limpieza, y el aforo se limita para poder respetar la distancia interpersonal, es fácil que esta opción vuelva a salir a la palestra. “Quizás, por un tiempo, se extienda lo que llamamos ‘webrooming’, que consiste en mirar, probar (si la tecnología lo permite o bien, con el cuadro de tallas bien estudiado y el metro en mano) en distintas páginas de Internet y, una vez que se tiene tomada la decisión, acudir a la tienda a por ello”.

Conforme avance la desescalada, se irá viendo. Ahora mismo, solo pueden abrir las tiendas que no superen los 400 metros, que es donde mejor se pueden controlar las aglomeraciones. Y, además, la mayoría se han agarrado al salvavidas de la cita previa, para evitar que el cliente pueda sentirse inseguro y expuesto al contagio.

Los profesionales del sector saben bien que esto consiste en un aprendizaje mutuo y que será un proceso paulatino, según se vaya viendo y probando en directo. También se espera que se potencien los servicios de “click and collect” que evitan pruebas de ropa, pero fuerzan a ir a la tienda, y que implican un cruce de distintos canales de compra.

Los grandes grupos se quedan fuera de esta primera fase de levantamiento progresivo del confinamiento, pues en su caso se deben extremar las precauciones, especialmente de aforo. Se oye que podría ayudar a controlar accesos el rescate de la figura del greeter, tan de tienda americana; esa persona que saluda y despide en la entrada (y que no tiene nada que ver con el personal de seguridad). Sin embargo, supondría incrementar la plantilla, cuando la situación invita a contener gastos según se vaya activando el negocio y se puedan ir recuperando las ventas perdidas.

Tiempo al tiempo. Aparte de paciencia, recordemos: cita previa, ir solo, recomendable mascarilla, atención a la distancia social y, sobre todo, confianza, que los propietarios ya están invirtiendo para encargarse de lo demás.