El escándalo de las 240.000 mascarillas distribuidas por el Consejo General de Farmacéuticos: no eran seguras

637

Mascarilla sí, mascarilla no. Los ciudadanos españoles han visto como desde el inicio de la pandemia del Covid-19 las instrucciones ante este producto de protección variaban como la letra de la canción popular la tarara.

En poco tiempo, las mascarillas se han convertido en un producto vital, obligatorio, de primera necesidad, y por ello cualquier asunto relacionado con ellas crea alarmismo e inquietud entre la población en general, y también en algunos gremios profesionales directamente relacionados con la pandemia. Si a un sector tan expuesto al virus como los profesionales de la farmacia podrían haberle sido facilitadas mascarillas en mal estado, qué no ocurrirá con el resto.

Según fuentes relacionadas con el sector, existe un malestar generalizado entre muchos dependientes de Farmacia porque el Consejo General de Farmacéuticos proporcionó mascarillas sin certificado ni garantía de seguridad alguno a los colegiados para su autoprotección en el peor momento de la pandemia, cuando los establecimientos farmacéuticos no daban abasto para atender a toda su clientela, bajo una situación de presión tremenda. Era este el momento en el que, ante la falta de suministros, algunos farmacéuticos llevaban sus propias mascarillas confeccionadas con tela.

El Consejo General de Farmacéuticos utilizó a los colegios autonómicos para que fueran los responsables de distribuirlas entre sus asociados. Estos trasladaron la información que les facilitó el organismo sin realizar ningún tipo de comprobación ni duda al respeto, a pesar de que el personal al que iba destinado era de alto riesgo, señalan nuestras fuentes. Se ha llegado a hablar de que fueron 240.000 mascarillas las distribuidas. Se trata de una cifra muy alta de personas a las que podría haberse puesto en peligro. ESCUDO DIGITAL ha podido tener acceso a un estudio que revela que las mascarillas utilizadas no reunían las características de calidad exigibles. También disponemos de la oferta de las mismas por parte de una empresa de regalos, Prosersa.

Documento de la oferta realizada por Prosersa al Colegio de Farmacéuticos.

La oferta se realizó a José María Campo Alonso, Director General del Colegio de Farmacéuticos. Se indicaba que el producto seguía el Protocolo Niosh Tipo N99 reusable y lavable hasta siete días. La oferta era de 240.000 mascarillas individuales. Con un importe total de 540.000 euros, que ascendía a 653.400 euros con IVA. El pago se realizaría en dos pagos y cada colegio farmacéutico de las diferentes zonas de España elaboraría su pedido en función de sus necesidades. La empresa que las vendía, Prosersa, afirma estar en posesión de los pertinentes certificados CE y en cumplimento de las directivas europeas y/o internacionales establecidas para cada producto. Mascarillas de protección: EN 1492001+A12009.

Una visión más detallada del etiquetado de estas mascarillas realizado por unos analistas independientes nos demuestra que no cumplen con el protocolo europeo ni tampoco con el chino, el denominado NIOSH, que es homologable al europeo. Expertos del sector consultados por ESCUDO DIGITAL afirman que el hecho de que una mascarilla proceda de China, como es el caso de las de Prosersa, no implica que sean de peor calidad. China es un país con experiencia en pandemias. El asunto es que esté homologada. “Si ha sido una falsificación”, afirman, al analizar la etiqueta se comprobaría que está muy mal hecha, y añaden “se espera que los chinos las hagan mejor”.

La documentación aportada no es suficiente para demostrar la validez de las mascarillas distribuidas entre los farmacéuticos de toda España.
Supuestamente, las mascarillas según la oferta cumplían con el Protocolo NIOSH99 del tipo N99. Pero en el etiquetado de las mismas no se indicaba realmente que siguiera ese protocolo, puesto que no aparecía el número relativo bajo la forma legal: NIOSH TC-#XXX-XXXX.

Escudo Digital se ha puesto en contacto con el Consejo General del Colegios Farmacéuticos, y al cierre de estas líneas no ha contestado a las preguntas que le han sido formuladas en relación con la naturaleza de la certificación de protección, la legalidad de etiqueta y el coste real; es decir, si ha habido un margen para el Colegio. Tampoco ha respondido a la pregunta de si hubo una auditoria de seguridad/calidad por parte del electorado del Consejo antes de ponerlas en circulación. Y. lo más importante, si hubo algún proceso competitivo para la compra y comparativa de precios.

Este periódico también ha contactado con la Federación de Sanidad y Sectores Sociosanitarios del Sindicato Comisiones Obreras de Madrid. Rosa Muelas, secretaria de Salud Laboral de la entidad, ha manifestado que “en tiempos como estos, en los que nos enfrentamos a momentos tan difíciles, los gestos solo son válidos si sirven para mejorar la situación. Un gesto que pone en riesgo la salud de ciudadanos, que ya tienen sobre sus espaldas aislamiento, enfermedad o incluso pérdida de vidas es despreciable”.

CCOO también denunció la “insensatez” que suponía repartir mascarillas FP2 de dudosa validez a la ciudadanía de Madrid, porque crea una falsa sensación de seguridad entre la población. También fueron adquiridas en China, y en las cajas no aparece el estándar de calidad de la normativa del país asiático. Fuentes del sector afirman que se trata de un caso muy similar. Otras apuntan a que el mercado asiático en los momentos más duros de la pandemia se aprovechó de los occidentales vendiendo material defectuoso, sin homologar y a precios desorbitados.

Si al principio el Gobierno desaconsejaba por medio de Enrique Simón el uso de mascarillas era porque no había para todos. Era prioritario que las tuvieran los sanitarios, aún a costa de no acabar de decir la verdad a la población. El sistema podría haber colapsado y hubiera sido mucho peor. Defienden, por tanto, aquello de “el remedio antes que la enfermedad”.

Con el avance de las semanas los españoles fuimos concienciándonos poco a poco de que usar mascarilla no era un esnobismo, ni un acto de egoísmo, sino un acto de generosidad porque una persona asintomática que no la llevara podría contagiar a otros. Y también, en el caso de las FP2, una forma de protegernos del Covid.

Se están dando casos, en farmacias del norte de Madrid, de ciudadanos que amenazan con denunciar a las farmacias porque algunas costuras de las mascarillas entregadas por Isabel Díaz Ayuso se han roto, un hecho que según los sindicatos también ocurrió con las distribuidas entre los profesionales de Sanidad: “Los farmacéuticos lo único que hemos hecho ha sido trabajar gratis para la Comunidad de Madrid con colas que daban la vuelta a veces a la manzanas. No tenemos ninguna responsabilidad, si algunas han salido malas”. Otro farmacéutico de una farmacia situada en la zona sur sostiene que las mascarillas son siempre bienvenidas, vengan del sector de dónde vengan, y añade que el problema es que a veces “hay demasiados intereses políticos en juego”.

Según fuentes del sector, el prospecto que aclara de forma absolutamente precisa qué requisitos han de cumplir las mascarillas es el de la Generalitat de Catalunya.

El Gobierno catalán, tras entregar a cada ciudadano de su comunidad desde las farmacias una mascarilla gratuita, ha distribuido dos a la semana a un precio de 0,76 euros. La iniciativa se ha enmarcado, según informa Diariofarma , en un proyecto liderado en su origen desde el Consejo de Colegios de Farmacéuticos de Catalunya, junto con la industria, Hartmann y empresas de distribución como, Cofares, de absoluta solvencia y con amplio reconocimiento en el sector.

No estamos hablando de una empresa de regalos, cuyos servicios contrató el presidente del Colegio de Farmacéuticos, Jesús Aguilar. Irónicamente, en su cuenta de Twitter su lema es “Si quieres llegar lejos, ve acompañado”. Ni una alusión en su cuenta a lo sucedido.

¿Si cumplen la legalidad? Qué legalidad. La legalidad, según el BOE, ha ido cambiando a medida que pasaban los días”, afirma la empresa distribuidora de las mascarillas encargadas por el consejo general .

Una publicación económica ha manifestado, citando al New York Times, que las mascarillas se vendían en suelo chino a 50 céntimos, con lo cual, si se pagaron a 2,25 euros la unidad, la ganancia habría ascendido a 420.000 euros netos, al incrementarse en un 350% el beneficio en el caso de las mascarillas facilitadas a los farmacéuticos.

Puestos al habla con Prosersa, la empresa que ha distribuido las mascarillas entre los farmacéuticos, esta ha negado que hayan sido 240.000. Afirma que han sido muchas menos. Defienden que son una empresa seria en todos los aspectos, niegan que el margen sea tan alto, y que el precio fuese ese exactamente.

“Se han dicho muchas medias verdades. Se hizo una oferta al consejo que a su vez se pasó a los colegios. No fueron 240.000. Y no son mascarillas defectuosas, están perfectamente. Somos una empresas de regalos, y no tiene nada de malo. No sabemos por qué nos eligieron a nosotros, entiendo que se pidieron ofertas a mucha gente. Esto es una empresa de distribución y de importación. Nos están dejando como si estuviéramos en un garaje, cuando somos absolutamente serios y profesionales. ¿Si cumplen la legalidad? ¿Qué legalidad? La legalidad, según el BOE ha ido cambiando a medida que pasaban los días. Llevamos 30 años trabajando con los mercados chinos y traemos lo que nos pide el cliente”, afirma un portavoz de la compañía.

No es el primer problema que se detecta en una mala distribución de mascarillas. La Junta de Castilla León retiró 400.000 mascarillas defectuosas que había destinado a los sanitarios. Y, en Andalucía, Miguel Ángel Guzman, gerente del SAS llegó a pedir disculpas a los profesionales que habían utilizado mascarillas defectuosas.