Nuevos gadgets para desconfiados y precavidos

Accesorios que protegen y ayudan a mantener la privacidad a raya

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protectora de cartera
Protección de carteras

Cada vez más celosos de nuestra intimidad y conscientes de la importancia de la seguridad de todos nuestros datos. Este es el perfil que dibujamos como usuarios de la tecnología. Algo lógico, pues, según se afianza el mundo digital, más difícil resulta sentirse protegido. Los dispositivos que ayudan a calmar inquietudes son muchos, normalmente de integración sencilla en las redes a través de una estructura modular que ofrece distintas soluciones según necesidades.

Estos artilugios podrían clasificarse en tres conceptos de seguridad: hardware, software y en red. Podrá ser fácil su implantación, pero si no somos duchos en la materia, seguiremos sintiendo incertidumbre. Sin embargo, mientras uno piensa si llama o no al profesional que le puede echar una mano para ‘blindar’ sus equipos y terminales tecnológicos, hay recursos, en forma de complementos, que de una manera de verdad sencillita algo aportan para minimizar riesgos.

Y parece que la tendencia es a que sus ventas se incrementen, conforme aspiramos a sortear todos los obstáculos crecientes para que nuestras conexiones sean cada vez más zen.

Carlos Rubio, abogado y redactor de Andro4all, que suele ser de los que corre para testar y conseguir lo último – a veces por moda y otras por pura necesidad – nos recomienda cuatro artilugios, de esos supuestamente prescindibles hasta que los pruebas “y se quedan ya para siempre contigo”, asegura:

Llave de seguridad. Dispositivo en forma de USB que verifica la identidad sin necesidad de introducir contraseña. Puede considerarse la evolución física y lógica de la protección a través de esta. Por un lado, las amenazas que ponen en cuestión nuestras cuentas e informaciones empujan a una identificación más compleja y difícil de franquear, por otro “el problema de elegir contraseñas que se recuerden bien, con el riesgo que entraña, y a la vez, lo engorroso que resulta el sistema de SMS por el que, si se nos olvidan, podemos restablecerlas o bien obtener una nueva”. Así, como si de una llave de casa se tratara – que incluso se puede incorporar al llavero junto a las habituales -, contaremos con una clave criptográfica única para nuestros accesos.

“Es todo un descubrimiento, tan útil como cómodo y ayuda a resolver el rollo de la autenticación doble. Su pega es que no sirve para el móvil, si no es con un adaptador, ahora que todos tiramos tanto de smartphone. Pero a la vez, te puedes olvidar de este por completo y utilizar la llave de seguridad para Google – que tiene la suya oficial y que sí permite convertir cualquier móvil en una llave (Dropbox, Twitter, LInux, Mac, Windows, etc.). Cada vez,  más tecnológicas y servicios digitales contemplan esta forma de acceso. Otra cosa es el ritmo al que se suman los usuarios, pues para su buen precio no está muy generalizada su utilización” explica Rubio. El coste de hacerse con una llave (también llamada dongle) oscila entre los 10 y los 80 euros.

Además, también funciona en algunas páginas web si son compatibles con la autentificación en dos pasos FIDO.

Cubiertas de webcam. Tal y como explica Carlos Rubio, “no son pocas las teorías que dicen que los hackers pueden acceder a nuestra webcam desde la distancia”. Se crea o no, no está demás usarlas, sobre todo en estos tiempos de teletrabajo con reuniones continuas a través de videollamadas.

“Si antes procurábamos tapar nuestras cámaras con un pósit cutre o cualquier pegatina, a veces difícil luego de quitar bien, esta especie de adhesivos y pestañas que se ajustan perfectamente son mucho más cómodos”. Las webcam cover pueden adquirirse en lotes de unas ocho o diez unidades, que individualmente vienen a salir a precio de euro.

Pantalla protectora de portátiles. En este caso, más que de seguridad, hablamos de evitar incomodidad y conseguir cierta privacidad. “¿A quién no le molesta cuando estás en un sitio público, como una cafetería o cuando vas en tren, que el que está sentado al lado vaya echando un ojo a tu ordenador?”, se pregunta el abogado. “A falta de una tecnología específica que, seguro acaba llegando, se puede recurrir a los filtros que además de proteger la pantalla de golpes o arañazos, evita tentaciones de cotilleo”.

A partir de 20 euros, se puede comprar un protector ya decente; aunque se puede ir incrementando rango hasta doblar el presupuesto.

Tarjeta protectora para la cartera. Mientras sigue el debate de si es fácil o no clonar una tarjeta de crédito, solo por proximidad del supuesto delincuente, “da mucha tranquilidad hacer un blindaje a esa posibilidad mediante una tarjeta de protección, que intercalada entre las de pago evita ese supuesto robo de datos”, indica Rubio.

Esta protección de las tarjetas con chips RFID y NFC, de lecturas externas por parte de apps móviles o terminales, parece que también puede hacerse envolviéndolas en papel de aluminio; esa es la leyenda, que de esta manera añade a ese método más artesanal un puntito de sofisticación a la hora de abrir la cartera. Se encuentran desde dos euros.